Quédate dentro de ti

San Benito ve en la stabilitas- permanencia fija, estabilidad del monje- el remedio adecuado para las enfermedades de su tiempo. Era la época de las migraciones constantes y los desplazamientos masivos de los pueblos, con la consiguiente inseguridad. Para Benito la stabilitas significa que el monje permanece para siempre en la comunidad en la que ingresa. Esto, a su vez, significa que es como un árbol que necesita echar raíces para crecer. Los trasplantes repetidos entorpecen su desarrollo o lo frenan por completo.

 

 

 

Dice el abad Serapión: “Hijo, si deseas aprovechar espiritualmente, permanece en tu celda ocupado de ti y de tu trabajo manual. El mucho salir no favorece tanto como la quietud tu progreso espiritual”.

 

 

 

Se cuenta otra historia del desierto que resulta muy actual también hoy: “Un hermano vino al desierto a visitar al viejo monje Moisés con ganas de recibir de él un buen consejo. El viejo le dijo: “Anda, ve a tu celda y siéntate. La celda te lo enseñará todo”.

 

 

 

Y hay todavía otra historia de monjes que demuestra gran sabiduría y un profundo conocimiento del alma: “Vino alguien al monje Arsenio le dijo: “Mis pensamientos me torturan. Me sugieren cosas como éstas: tú no puedes ayunar ni trabajar; dedícate a visitar a los enfermos; también eso es caridad”. Pero el anciano, que conocía bien la marca de los demonios, le respondió: “Vete, come, bebe, duerme bien y no trabajes. Pero no abandones nunca tu celda”. Sabía muy bien que la permanencia en la celda puede poner en orden toda la vida del monje”.

 

 

 

Estas viejas anécdotas de monjes nos dicen hoy a nosotros que, permanecer en el silencio, confrontarnos con nuestro caos interior y mantenernos firmes en ese lugar, es suficiente para que algo empiece a transformarse en él y entonces, casi sin darnos cuenta, se establezca en nosotros el orden interior.