Nunca te sobrestimes

 

Todos los fundadores de religiones y los grandes sabios de todas las tradiciones espirituales humanas coinciden en señalar los mismos caminos para el arte de vivir. Su sabiduría se nutre de la misma fuente en la que beben todos los hombres, culturas y religiones. “Tres cosas hay destructivas en la vida: la ira, la codicia y la excesiva estima de uno mismo”. Este principio lo formuló Mahoma y no ha perdido nada de su actualidad después de casi mil quinientos años. Se ve además confirmado por la psicología de los monjes cristianos anteriores a Mahoma.

 

 

Las tres cosas destructoras que existen en la vida corresponden, según Mahoma, a las tres zonas de las que proceden los nueve vicios descritos por Evagrio Póntico, el más significativo escritor entre los monjes cristianos del siglo IV. Perfectamente a tono con los principios de la filosofía griega, distingue Evagrio tres diferentes zonas en el hombre: la zona de la avidez, la zona de las emociones y la zona del espíritu. Evagrio atribuye a cada una de estas zonas tres pasiones correspondientes, neutrales en sí mismas, pero fácilmente convertible en vicios si el hombre no las toma conscientemente en serio y actúa con discreción.

 

 

La zona de la avidez, según Evagrio, coincide con la codicia en la clasificación de Mahoma. La codicia puede tener por objeto la comida (gula), la sexualidad (lujuria) y la posesión de bienes (avaricia). El codicioso es incapaz de disfrutar de nada; ni de la comida, ni de la sexualidad, ni la posesión. Necesita engullir constantemente algo nuevo, cada vez más, para ocultar con ello el gran vacío interior. Necesita siempre nuevas experiencias sexuales para sentir vivo su espíritu congelado. Se siente empujado por la pasión de poseer más y más, en lugar de disfrutar de lo que posee.

 

 

Dentro de la zona emocional distingue Evagrio entre tristeza, ira y acedia (apatía, desidia). Pero estas tres conductas, emocionalmente defectuosas, tienen en último término mucho que ver y están muy relacionadas con la ira no dominada. La agresión puede ser en sí una energía utilizable de manera positiva. Pero si me la trago produce en mí depresión (tristeza, dolorismo). O no me deja vivir en paz (acedia) y me zarandea de acá para allá, por no saber cómo utilizar y orientar adecuadamente la energía neutral de mi agresión.

 

 

En la zona espiritual enumera Evagrio tres peligros existentes para el monje: vanagloria, envidia y orgullo. Mahoma incluye y sintetiza estos tres vicios en uno solo: la sobrestima de sí mismo. El que tiene de sí un concepto muy por encima de la objetividad, vive en realidad al margen de sí mismo, se autodestruye, se niega a ver y aceptar su realidad. El exceso de autoestima lleva al individuo a caer algún día desde la altura del pedestal en que ha colocado su propia imagen y hacerla añicos.

 

Anselm Grün