La decepción como oportunidad

 

Las decepciones forman parte de la vida real. Nos decepciona la familia, la profesión… A veces estamos decepcionados y descontentos de nosotros mismos. Nos habíamos formado una imagen ideal de nosotros, de los demás, de la vida… y luego vemos que estábamos equivocados. Es muy duro tener que reconocerlo. Por eso intentan muchos endulzar esta amarga experiencia. Lo que hacen con ello es huir continuamente de sí mismos. Y no logran vivir en paz. Si nos ponemos frente a nuestros deseos y aspiraciones profundas, podremos reconciliarnos con ellos y llegar a conclusiones como ésta: mi profesión no satisface todas las ilusiones y esperanzas que había puesto en ella. Y llegamos a un acuerdo con nosotros, con nuestras faltas y limitaciones. Es posible vivir en paz. No tenemos por qué pensar que somos o debemos ser autosuficientes.

 

Hace unos treinta años, hice un ejercicio de técnicas sensoriales en el que llegué a enlazar con los deseos insatisfechos de mi infancia. Se desencadenó una crisis en mí. Tenía la sensación de haberme quedado muy corto. Sin embargo, durante las vacaciones me encontraba una vez solo junto a un lago, mirando a las olas. De repente me invadió una profunda sensación de paz interior. Al fin estaba reconciliado y, por consiguiente, en paz con mis deseos insatisfechos. Podía razonarme de esta manera: quedaste insatisfecho de tus deseos, y está bien: fue mejor así. Eso te ayuda a mantenerte vigilante y activo. Sobre todo te mantiene abierto a Dios. Si hubiera sucedido de otra manera, tal vez te habrías aburguesado, quizá estarías viviendo ahora satisfecho en ese aburguesamiento. Pero nunca habrías descubierto tu vocación personal, individual.

 

Mi vocación humana me exige mantener vigilantes los deseos de mi corazón para estar permanentemente abierto a Dios y hacer mi corazón más amplio ante los hombres. En un corazón dilatado hay sitio para todos. Un corazón dilatado no condena a nadie. Ha experimentado y aceptado la vida real con sus decepciones y desengaños. Pero no se ha encogido replegándose sobre sí. Al contrario, las decepciones le sirvieron de trampolín hacia la inmensidad de Dios. Cierto, el posicionamiento en actitud sincera ante la realidad mirándola de frente sirvió para hacer crecer la pasión por Dios. Esto, a su vez, ayudó al corazón a dilatarse más.

 
Anselm Grün