Sobre el sentido de la angustia

 

La angustia tiene un sentido. La angustia quiere decirme algo. Sin la angustia, yo carecería de una medida humana, norma o criterio razonable, y me estaría exigiendo siempre demasiado. Es verdad que a veces la angustia me bloquea. En el diálogo con ella debo estar atento, porque puede aconsejarme falsas posturas ante la vida.

 

Muchas veces, la angustia procede de un perfeccionismo idealista: quiero hacerlo todo bien; tengo miedo a quedar mal, a no estar a la altura, a hacer el ridículo; no me atrevo a intervenir en el grupo por miedo a no saber expresarme con corrección o a ponerme públicamente en evidencia; me da miedo leer en las celebraciones, porque puedo trabucarme.

 

En estos casos, el miedo toma como punto de referencia ciertas expectativas exageradas: lo perfecto, el ideal. Pero detrás de las razones perfeccionistas hay siempre otra razón más profunda, la verdadera razón: el miedo al descrédito y al desprestigio. Algunos intentan demostrar su propio valer hacerse valorar entregándose a un trabajo intenso del que esperan y exigen reconocimiento. Los elogios esporádicos no satisfacen, saben a poco. Por eso se intensifica el trabajo cada vez más para arrancar más elogios. La sed de gloria y la obsesión por el reconocimiento no tienen límites. Y así trabajan algunos hasta matarse, pero sin paz interior.

 

La razón última del miedo y sus razones, pero orientando el diálogo a la virtud de la humildad. En humildad es posible vivir en paz con las propias limitaciones, imperfecciones y faltas: “No pasa nada aunque quede en ridículo. No estoy obligado a hacerlo todo bien”.

 

Existen otros casos de angustia que nada tienen que ver con una forma concreta de vivir. Son miedos generales, inherentes a la esencia de la naturaleza humana. Por ejemplo, el miedo a la soledad, a la pérdida de facultades, a la muerte. En algunos casos, ese miedo reviste síntomas alarmantes. Entonces resulta especialmente importante establecer un diálogo sereno y objetivo con el miedo: “Si profundizo hasta el fondo en la naturaleza del miedo, si lo tolero y analizo, puedo llegar a disfrutar de una gran paz. El miedo se transforma en tranquilidad, libertad y paz interior.

 

Anselm Grün