Detrás de la fachada

 

El filósofo ateo Ernst Bloch hizo, al cumplir 90 años, esta declaración en una entrevista: “He podido constatar en mi propia vida que los anhelos ardientes son lo único específico en el ser humano”. Un hombre puede mentir en todas partes. En todo lo humano puede siempre deslizarse algo inauténtico y falso. El amor puede ser fingido, y la cortesía una costumbre social. Puede uno estar dispuesto ayudar ocultando segundas e interesadas intenciones. Los deseos más ardientes, las aspiraciones más profundas del corazón humano, no pueden ser manipuladas por nadie. El hombre se identifica con estos deseos. Muchas veces me encuentro con individuos que necesitan enseñar todo lo que hacen pintándolo con los más llamativos colores. Si hablan de las vacaciones, todo fue maravilloso. Si han asistido a algún curso, ésa fue la experiencia más intensa de su vida. Muchas veces he llegado a sospechar que la necesidad de tener que pintarlo todo de color rosa responde a la necesidad que tienen de ocultar sus decepciones. Sí, subida es trasparente. En realidad, en las vacaciones hubo muchos momentos de incomprensión y tensión en la pareja. Pero necesitan dar hacia fuera la impresión de que añoran aquellos días felices. Esos tipos necesitan argumentos para convencerse a sí mismos de que todo lo hacen bien, de que todo les sale bien. Pero detrás de esa fachada rosa las cosas son de otro color.

 

 

Mis deseos profundos me permiten analizar sinceramente mi vida. No debo exagerar. No tengo por qué demostrar a nadie la profundidad de mis experiencias ni los pasos de gigante que doy en mi caminar interior. Yo me acepto como soy: transparente, pero también como alguien que busca, que lucha, unas veces con éxito y otras sin él, alternativamente sensible y apático, espiritual y superficial… Puedo contemplar mi vida tal como es. Mis deseos profundos van más altos y por delante. Mis deseos no son manipulables; sencillamente, están ahí. Y donde están mis deseos está también mi vida. Sólo cuando me pongo ante mis propios deseos estoy en la pista de la vida, descubro mi vitalidad. Y en la pista hacia una vitalidad superior es donde encuentro a Dios. La espiritualidad –y el arte de vivir en profundidad- consiste para mí en seguir la pista de mi vitalidad, en fiarme de mis deseos profundos y dejarme guiar por ellos hacia la infinitud y la libertad, hacia el amor y la vida plena.

 

Anselm Grün