Presta atención a los sueños

 

En los sueños, es Dios quien me habla apuntando a mi verdad, señalando todo aquello que yo he reprimido en mí. Siempre me indica el camino que debo seguir. Dios me da en los sueños normas para el camino. Y pide mi obediencia a sus indicaciones. Dios nos enseña cómo tenemos que tomar decisiones, y con ello nos ayuda a orientarnos en la vida. Una indicación clara tiene siempre algo de inequívoco y liberador.

 

 

Un sueño no puede definirse nunca como un infantil juego de pensamientos. El sueño es algo que necesariamente nos afecta. Tiene repercusiones sobre nuestro actual, se hace realidad en eventos concretos de este mundo, incluso determina importantes decisiones históricas, y su posterior desarrollo, desencadena un acontecimiento del que se derivan consecuencias. En algunos sueños me veo confrontado con mi verdad, la verdad de mi yo, de mi vida. Otras veces se trata de sueños sobre religión o magia, de los que emanan rayos luminosos sobre mi vida, o es Dios mismo quien me habla. Los sueños me enseñan que no se trata sólo de vivir correctamente, sino de permitir a mi alma dilatarse y enriquecerse, y permitir a Dios guiarme por mi camino. Los sueños nos avisan cuando arribamos a nuevas playas y cuando debemos regresar a casa.

 

 

Algunas veces aparece en los sueños un nuevo mundo lleno de vida y colores fascinantes. Los que se han acostumbrado a vivir en un mundo estrecho, dominados y vejados por otros, ven cómo se les abren nuevos horizontes, dentro de cuyo marco el soñador se siente libre, con posibilidad de soñar despierto. El sueño entonces nos descubre el tesoro escondido en nuestro interior, del que nadie podrá despojarnos.

 

Anselm Grün