El misterio del corazón

 

 

Una de las más bellas y conocidas expresiones de Antoine de Saint-Exupéry, que sigue llegando al corazón de muchos lectores, se encuentra en el libro alegórico El Principito, encantadora historia de un ser humano en busca de la felicidad. «Adiós, dijo el zorro. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos».

 

 

 

Los verbos alemanes creer amar y alabar tienen todos la misma raíz, liob, que significa bueno. Creer viene a significar tener algo por amable, por bueno. Amar significa tratar con delicadeza lo bueno que veo en los demás. Alabar es elogiar lo bueno y hablar bien de las personas para darles un espacio amplio de desarrollo y crecimiento.

 

 

 

El lenguaje, como toda la filosofía condensada en el lenguaje, coincide con las expresiones del zorro en El Principito de Saint-Exupéry. El corazón ve bien. Y porque ve bien descubre lo bueno en los demás. Quien mira a los otros con gafas negras no ve en ellos más que superficies oscuras. No puede distinguir lo iluminado y diáfano, lo bueno y agradable. Necesito mirar con el corazón a mi vecino si deseo verlo tal como es. Pero, aun así, sólo a condición de que mi corazón sea bueno y no permitir a los pensamientos destructivos instalarse en mi corazón. Quien tiene un corazón monstruoso y malo no puede ver lo bueno que hay en los otros.

 

 

 

Lo esencial es invisible a los ojos. Los ojos no pueden ver más que la superficie. Los ojos perciben los rasgos faciales de una persona. Pueden percibir los gestos y expresiones de rabia, de insatisfacción, de abandono, de dureza, de rencor o de sufrimiento. Pero el corazón ve más profundo. El corazón ve más allá de la cara de las personas. El corazón penetra con su mirada hasta el corazón de las personas, donde descubre sus deseos ardientes de bondad, de vivir en paz consigo y con el mundo, la noble aspiración de presentarse con su vida rota ante Dios para que Dios la sane y, una vez sanada, ponerlo todo en orden y ponerse en total sintonía consigo.

 

 

 

Lo esencial de un ser humano es invisible. También lo es lo esencial del mundo.

 

 

 

El arte de vivir consiste, fundamentalmente, en llegar a verlo todo con el corazón. Necesito verlo así, con el corazón, para descubrir en una flor la belleza de su Creador, para ver en el árbol un símbolo de mis deseos de afianzamiento hundiendo profundamente mis raíces en el suelo. En el árbol veo mi propia aspiración a crecer y desarrollar mi yo, mi propia forma y personalidad en ramas y flores, de manera que alguien pueda venir a descansar a mi sombra y sentirse aliviado en mi presencia.

 

 

 

Sólo el corazón descubre en todo las huellas de la última Verdad y Certeza, que me mira desde el rostro de cada perSona, desde la inmovilidad de una piedra, desde cada tallo del campo, y me dice: «Tú eres amado, siéntete amado. El amor te abraza en todo cuanto ves».

 

 

Anselm Grün