Vivir el perdón

 

Todas las personas poseemos toda clase de sentimientos, los que nos gustan y los que no nos gustan para nada, es parte de nuestra naturaleza. El problema no son los sentimientos que hay en nosotros sino lo que hacemos con ellos. Allí es donde debe funcionar nuestra libertad y nuestra capacidad de reforzar los positivos y transformar los otros para que lo sean.

 

Si alguien nos insulta, nos hace daño, nos traiciona… lo que hace es demostrar lo que es capaz de hacer con su libertad y sus sentimientos negativos o en qué parte del camino de la transformación está. Él es él y hace lo que puede. ¿Qué voy a hacer yo con esto? ¿Me engancho en lo feo que haya podido salir de él y me embarro yo también? Lo que sale del otro es del otro mientras yo no me lo apropie.

 

En estas ocasiones se ponen de manifiesto dónde están mis prioridades. Si me engancho dejo que el mal se apropie de mi persona y me aleje del camino espiritual. Si, por el contrario, lo veo como un fallido ajeno del que no estoy siempre exenta, puedo seguir mi camino espiritual en libertad. Vivir reconciliados con la realidad que se nos presenta es el único modo para no sentirnos esclavos sino reyes de nosotros mismos.

 

Graciela Goñi

Acompañante Espiritual

Centro de Espiritualidad Santa María