Luces en el camino

 

Cuando somos niños no conocemos nada del mundo y de la vida, por eso nuestros padres, a través de normas o reglas y sostenidos por su amor incondicional nos van instruyendo sobre lo que está bien o está mal, lo correcto o lo incorrecto, lo bueno o lo perjudicial. Así comenzamos a entender y a relacionarnos con los otros y con lo que nos rodea.

 

A medida que vamos creciendo entendemos de a poco que esas normas no están para ser cumplidas con rigidez sino que son como luces que nos indican el camino del amor compasivo, generoso, misericordioso. El amor no se impone ni se cumple, se vive en lo más profundo del ser, y así, nos damos cuenta que muchas veces para vivir ese amor hay que saltar por encima de la norma y no es que la incumplimos… la perfeccionamos.

 

Quedarnos en el cumplimiento es quedarnos en la superficialidad. No podemos alcanzar nunca la humanidad viviendo sólo en la superficie. Estar vivo es ver y escuchar lo que está en lo profundo del corazón.

 

Graciela Goñi

Acompañante Espiritual

Centro de Espiritualidad Santa María