Caminar la vida

 

Sigo mi propio camino por la vida y lo importante no es la llegada, sino el viaje.  Todos los días de mi viaje doy y recibo bendiciones. Aun en el momento de mayor desafío, cuando se diría que estoy obligado a caminar un trecho más, descubro que puedo hacerlo.  Descubro que tengo más valor, sabiduría y fuerza de lo que había soñado. Tengo más porque Dios repone todo lo que utilizo antes de que yo pueda agotarlo.  Por eso dedico tiempo a saborear cada día de mi viaje.

 

He tomado este camino, no por casualidad, sino porque tenía citas divinas a las que debía asistir.  Y sé que Dios es mi compañero a lo largo de todo el camino.