Mirar nuestra verdad

 

Cuando leemos el Evangelio suele haber cosas que no nos convencen del todo, o que nos parecen equivocadas. Por ejemplo, si estamos llenos de odio nos molesta que Jesús hable de amor a los enemigos. Si queremos quedarnos con la mujer de otro nos molesta que Jesús nos reproche mirar con deseo a la mujer ajena.

 

Por eso, cuando algo nos desagrada en la enseñanza de Jesús, no significa que Dios esté equivocado. Tenemos que preguntarnos siempre si no hay en nosotros un límite, una dificultad para comprender, una debilidad que todavía tenemos que sanar.

 

Siempre estamos llamados a crecer, pero por dentro nos resistimos al cambio. Por eso siempre hay en el evangelio, algo que no nos agrada del todo, algo que nos molesta, algo que nos desafía, para que descubramos eso que todavía no alcanzamos a ver. Sólo si estamos permanentemente abiertos a los constantes desafíos que nos presenta el evangelio, alcanzaremos la verdadera paz. La paz nunca se conquista escapando de la verdad.

VMF