Las dificultades

 

No nos conviene imaginar un día sin dificultades, creer que durante toda la jornada no tendremos problemas de ningún tipo, que todo será celestial. Porque seguramente no será así. Siempre habrá algo que nos moleste, y esa molestia nos hará perder el entusiasmo.

 

Nos conviene ofrecerle a Dios todo lo que nos toque vivir. Hay que entregarle, como un regalo de amor y un gesto de confianza, todas las molestias, cansancios, dolores o contratiempos que tengamos que soportar a lo largo del día.

 

Es bueno entregarle a Jesús todo lo que nos cueste esfuerzo soportar y todo lo que nos desagrade enfrentar y pedirle que nos ayude a vivirlo de acuerdo a sus criterios de amor, de paz, de amabilidad, de comprensión, de paciencia.

 

Con la seguridad de su compañía protectora no sólo podremos sobrellevar mejor nuestras cargas sino que también nos servirá para crecer cada vez más como seres plenamente humanos.