Pide a Dios el buen humor

 

¡Es tan importante el buen humor! Es lo opuesto a la ironía, a la amargura y al enojo.
Con el buen humor, los males se minimizan y predisponemos a Dios para que derrame nuevas bendiciones en nuestras vidas.

 

Con el santo sacerdote jesuita Alberto Hurtado, en cada dificultad, podemos decir: “Contento, Señor, contento”, para recordarnos que, en ningún momento debemos perder el buen humor y la alegría.

 

Hay quienes erróneamente piensan que la virtud es sinónimo de seriedad y rigidez, pero nada más lejano y opuesto a la verdadera santidad.

 

Recordemos a Santa Teresa de Jesús, quien en una oportunidad, cuando le llegó una carta con noticias contrarias a una fundación que ella deseaba realizar, sacó a relucir su buen humor expresando: “Parece que el diablo se metió de cartero”. También nosotros, cuando algo quiera angustiarnos, cantemos y proclamemos que Nuestro Señor es más grande que nuestro problema.

 

 

El corazón alegre es un excelente remedio; un espíritu abatido seca los huesos. Proverbios 17, 22.

Gustavo  E. Jamut (365 pensamientos sanadores)