Momentos

Algunos días nos parece que la gente nos quiere, que todos nos tratan bien, que todo está  tranquilo, que la vida está hecha para nosotros. Otros días las cosas nos salen mal, nos parece que la gente nos ignora o nos desprecia, nos duela la cabeza, o aparecen nuevos problemas.


Pero no podemos decir que un día es bello y que otro es feo, que un día vale la pena y que el otro no, que un día es bueno para nosotros y que el otro es malo. Los dos días son necesarios, los dos tienen su hermosura y su misterio. Los dos días nos hacen falta para madurar, para purificarnos interiormente, para llegar a ser lo que estamos llamados a ser. Los dos días son distintas manifestaciones de la única realidad, que es buena.


Uno podría preguntarse: “¿Qué gusto puedo encontrar en el esfuerzo, en el trabajo, en los problemas, en una enfermedad, en el aburrimiento, en el trato con personas que no me atraen?”. Pero no se trata de decir que todo es lindo y de sonreírle a todo. Es algo más profundo, mucho más profundo. Es reconocer que en cualquier situación hay un misterio escondido, hay una enseñanza, hay un camino de fe.

En cualquier situación podemos aprender algo y podemos entrar en la profundidad. Es un misterio difícil de reconocer cuando estamos mal, pero la vida está hecha de todos los momentos, y en cualquier cosa que suceda el Señor puede realizar una inesperada obra de arte con nosotros. Esta vida en la tierra es una sublime combinación. Ya sabes que si sólo tuviéramos días soleados posiblemente dejaríamos de valorar el sol.


VMF