Nuestro cuerpo

Tu cuerpo humano es obra del maravilloso artista que es Dios. Y aunque no sea perfecto, en él late el milagro de la vida. Pero ese admirable cuerpo ha sido maltratado muchas veces.


Porque el cuerpo necesita cariño y delicadeza. No sólo alimentos, sino también descanso, gimnasia, cuidados y atenciones.


Tu cuerpo ha sufrido y quizás se ha enfermado a causa de las tensiones que ha soportado por tus nerviosismos, rencores, miedos y angustias. Porque cuando tu ser interior se resiste ante las cosas de la vida y no se deja llevar por el Señor, el cuerpo sufre por esa resistencia y se enferma. Por eso, para que pueda recuperarse de tantas agresiones, hace falta que le dediques un poco de tiempo y le ayudes a recuperar la calma.


Es bueno, por ejemplo, hacer una buena caminata disfrutando serenamente del aire y del paisaje; o detenerse unos minutos a respirar profundamente sin pensar en otra cosa, sólo en la sensación del aire que entra y sale. Así podrás tomar más conciencia de tu propio cuerpo y de la vida que corre por él.


Además puedes darle gracias a Dios por la piel, por los ojos, por el olfato, por los pies. Pero también dale gracias a los órganos de tu cuerpo con todo cariño: a tu corazón, a tu estómago, a tus ojos. Con todo tu cariño agradece a tu corazón por su trabajo, agradece con delicadeza a tus pulmones por su servicio, etc.


Finalmente, puedes detenerte en algún órgano del cuerpo que esté inquieto. Concéntrate en él, sin prisa, y pídele a Dios insistentemente que le dé paz, que lo serene, que lo cure de toda inquietud.

VMF