Consumismo interior

No podemos ignorar que la tristeza y la melancolía han crecido. Hay una ansiedad generada por los ídolos del tener, del placer y del aparecer que nos ha vuelto insaciables y demasiado inquietos por dentro. Pero es con esa inquietud por tener todo lo que se ofrece, ya no podemos detenernos a disfrutar profundamente de nada. Aun el contacto con la naturaleza nos provoca un escozor que nos lleva inmediatamente a buscar algo que hacer o que comprar.

La obsesión por comprar y consumir nos vuelve a todos más individualistas y más tristes, pero también nos recorta la mirada y nos encierra en un sector reducido de la realidad y del placer. Esto produce un círculo vicioso, porque luego pretendemos ingenuamente ahogar la angustia con nuevos placeres comprados.

En general hoy tenemos la capacidad del placer muy reducida a pocas cosas: al sexo, la comida o la bebida, y los reconocimientos sociales. Además, nos cuesta tener que esperar para conseguir lo que deseamos, nos molesta tener que esforzarnos durante un tiempo para alcanzarlo. Somos niños buscando gratificaciones inmediatas: la intensidad rápida del coito, la comida o la bebida a toda velocidad, el placer narcisista de que nos miren, nos aprueben y nos acepten; y además, tener los aparatos más sofisticados con las últimas novedades tecnológicas. Pero la vida es mucho más que todo eso.

¿Qué otras razones más profundas podrías tener para vivir hoy? ¿Todavía eres capaz de reconocer esas cosas bellas que no se compran con dinero?

VMF