Valor para romper lazos

Quizás el miedo a la libertad y a relaciones humanas profundas nos lleve a necesitar adicciones que colmen ese vacío. Ese miedo es comprensible, porque a los que se atreven a optar por un estilo de vida más independiente de lo que se compra y vende, de algún modo la sociedad les hace pagar el precio y los hace sentir raros, extravagantes y desubicados.

Esta ideología del mercado está rodeada por el aura de la sensación. Se trata de entregarse a experimentar, lo cual en la práctica se traduce en comprar. Pero no nos dejemos engañar. A nadie le conviene dejarse llevar simplemente por lo que siente, dar rienda suelta al consumo y a las necesidades primarias sin límite alguno, pues con eso se degrada a sí mismo y destruye toda posibilidad de relaciones sanas, profundas y duraderas.

El que obra así, obsesionado por tener y disfrutar, no advierte que de ese modo está mutilando su dimensión interior y su dimensión fraterna. Por eso hay que decir que el que se atreve a quebrar el esquema productor-consumidor es una persona capaz de dar prioridad a los lazos fraternos, a la comunicación abierta y compasiva, al encuentro gratuito con el otro. El que rompe de verdad la lógica del mercado es el que abre los ojos para reconocer al otro y se vuelve capaz también de compartir la vida con el hermano. No es incapaz de disfrutar de lo que le ofrece la vida. Al contrario, se vuelve capaz de valorar al máximo todas esas cosas que cuestan poco o no cuestan nada. Y son muchas.

VMF