Dios en nuestro mundo

Una vez le pidieron a Daniel Berrigan que diera una conferencia en cierta reunión universitaria sobre el tema: “La presencia de Dios en el mundo actual”. Sospecho que su charla sorprendió a muchos de sus oyentes, tanto por su brevedad como por su contenido. Berrigan simplemente contó a su público que pasaba cierto tiempo todas las semanas sentado junto a la cama de un joven con absoluta discapacidad física y mental.

El joven no puede hablar ni expresarse a aquellos que visitan su habitación. Yace mudo e impotente, aparentemente incapaz de cualquier comunicación posible. Berrigan describió que se sentaba frecuentemente junto a la cama del joven e intentaba oír lo que él decía en su silencio e impotencia. Explicó que la presencia de Dios en nuestro mundo es igual a la presencia del joven, silenciosa e impotente. Para oír lo que Dios dice, debemos aprender a oír lo que el joven nos dice.

Esta es una imagen extremadamente útil para ayudarnos a comprender cómo se manifiesta el poder de Dios en este mundo. Su poder es como el de ese joven. No deslumbra con fuerza, atractivo, inteligencia o gracia, como lo hacen los músculos y la velocidad de un atleta olímpico o la belleza física de una joven estrella de cine.

Estas últimas cosas (rapidez, belleza y gracia) también reflejan la gloria de Dios, pero no son la forma principal en que él muestra su poder en el mundo. Su poder es más silencioso, más impotente y más marginal. Se encuentra a un nivel más profundo, en la base esencial de las cosas, y tendrá, finalmente, la última palabra.

Ronald Rolheiser (omi)