Amados de Dios

Si alguna vez me viene a la mente la idea de que no soy amado o digno de amor, de que soy incapaz o no merezco nada, recuerdo cómo me ve Dios.  Dios me tiene en alta estima; ¿cómo voy a pensar mal de mí mismo?  ¿Cómo puedo actuar como si no fuera la persona amada y capaz que soy?

Recordar que soy amado y precioso a los ojos de Dios saca a relucir lo mejor de mí.  Y cuando pienso u obro con otros, sé que ellos son igualmente apreciados y amados por Dios.  Cuando miro a otras personas y recuerdo que son creaciones sagradas de Dios, no puedo hacer otra cosa que amarlos y tenerlos en muy alta estima.

Sí, recuerdo que Dios nos ama a todos y nos considera preciosos; al recordarlo descubro el verdadero gozo del espíritu.