Bienaventuranzas de la caricia

Felices quienes acarician a los demás con un gesto de ternura, con una mirada comprensiva, con la dulzura de una palabra alentadora.

Felices quienes no tienen reparos en regalar caricias, quienes no temen abrazar ni demostrar sus sentimientos con todo su cuerpo.

Felices quienes prefieren derrochar su amor demostrando ternura, acariciando con cariño la presencia de quien nos acompaña en la tarde de la soledad.

Felices quienes se dejan acariciar por la brisa del mar, por el mimo de los copos de nieve que caen suaves sobre nuestro rostro.

Felices quienes acarician sus oídos con el silencio del alba, quienes se sienten arrullados por la placidez del sueño que proviene del trabajo bien hecho.

Felices quienes acarician con palabras de autoestima y consuelo al que se siente abatido, porque le ayudarán a levantarse con renovadas energías.

Felices quienes contemplan y luchan contra el sufrimiento del mundo, quienes perciben una caricia de resurrección al ofrecer su dignidad al desvalido.

Felices quienes abren cada día su corazón a la ternura, quienes reúnen todas las caricias que Dios les regala para derramarlas a quienes se cruzan por su camino, pues han aprendido que nunca se agotan las caricias que están bañadas de cariño.

Miguel Ángel Mesa Bouzas