Discernimiento

Las personas que van madurando en la vida espiritual desarrollan una habilidad interior que se llama discernimiento. Es la capacidad de descubrir qué es lo mejor, qué es lo que Dios espera de mí cada día y en cada etapa de mi vida. Y lo que Dios espera de mí es al mismo tiempo lo que más feliz me hará y lo que más me ayudará a crecer.

Cuando uno toma decisiones precipitadamente, o sólo tiene en cuenta lo que le brinda un placer inmediato, actúa como esos políticos que son incapaces de tener un proyecto a largo plazo. Así no toman las medidas que el país necesita y lo someten a un debilitamiento que termina en profundas crisis. Lo mismo sucede en el nivel personal. Cuando nos movemos sólo por impulsos y necesidades inmediatas, no miramos más allá de lo urgente, y entonces no enfrentamos nuestros problemas más profundos. Eso es pan para hoy y hambre para mañana. Por eso es necesario el discernimiento.

Se trata de detenerse antes de tomar decisiones importantes y de pensar no sólo en lo inmediato, sino en el proyecto más amplio que tenemos para toda nuestra vida. A la hora de tomar decisiones para nuestro futuro, es bueno reflexionar y orar teniendo en cuenta los grandes ideales que deseamos vivir y, sobre todo, el proyecto que Dios tiene para nosotros.

VMF