Ser discípulos

Siempre somos discípulos de Jesús, no solamente cuando nos detenemos a orar o a leer la Biblia. En cualquier cosa que hagamos lo estamos siguiendo a él, lo estamos escuchando, le estamos permitiendo que nos transforme la vida.

Esto vale para todos. Vale tanto para el Papa como para un empresario, vale para una maestra como para tu madre. Nadie puede pretender solamente dar, enseñar, guiar a otros, porque todos necesitamos permanentemente acercarnos al Maestro, dejarnos ilumina, permitirle que rompa nuestros esquemas y cambie nuestra mentalidad. Nos hace falta volver a ser discípulos.

Pero nadie puede ser discípulo de Jesús si no se deja enseñar por los demás, si no se deja cuestionar, si no está dispuesto a revisar o a profundizar sus pensamientos y sus opciones.

Cuando alguien crece en la vida espiritual toma una conciencia más clara de su necesidad de ser discípulo. Por eso, mientras más grande y más sabio sea, más humilde y receptivo será, más dispuesto estará a seguir aprendiendo, hasta la muerte.

VMF