Palabra sanadora

Cuando tomamos la palabra de Dios en nuestras manos, esperamos leer algo que nos llene de ternura, de esperanza, de consuelo. Pero muchas veces sucede que leemos un texto que no nos despierta esos sentimientos, sino que nos resulta molesto, o hasta nos desagrada. Más de una vez leemos un trozo de la Biblia que nos provoca rechazo, porque no coincide con lo que estamos sintiendo, o contradice algún proyecto que tenemos, o toca alguna herida que llevamos en el corazón.

Pero dice la misma Biblia que esa Palabra divina nos “penetra hasta las entrañas” (Heb 4,12), y hay que permitirle que penetre y que cuestione. No nos hace bien vivir escapando de las cosas que nos duelen. Siempre es mucho más sano mirarlas de frente.

Eso no quiere decir que tengamos que tomar alguna decisión heroica o que tengamos que hacer un acto terriblemente difícil. Dios tiene una infinita paciencia con nosotros. No nos exige que hagamos cosas que no entendemos o que no podemos realizar todavía. Sólo espera que no escondamos las cosas que sentimos, que enfrentemos lo que nos pasa por dentro y lo conversemos con él como amigos, para que él pueda sanarnos.

Entonces, cuando tomemos un texto bíblico que nos molesta, no escapemos, dejemos que la Palabra nos duela, permitámosle que toque nuestra vida real. Porque se nos regaló esa Palabra suya para iluminarnos, para fortalecernos, para sanarnos.

VMF