Esperanza

El sentido cristiano de la esperanza es poner los ojos en las promesas de Dios. Así confías en su ayuda para poder alcanzar la plenitud que él te ofrece. Además, por la esperanza también tienes la seguridad interior de que podrás ir alcanzando poco a poco lo que Dios te promete.

Pero no se trata sólo de esperar para uno mismo, sino también para los demás, para el país, para el mundo. Al esperanzado le duelen muchas injusticias, muchas miserias de esta tierra, pero confía en que es posible cambiar las cosas, porque Dios ha prometido estar siempre con nosotros. Por eso, la esperanza impulsa a la persona a lamentarse menos y a trabajar más, a aportar sus capacidades para mejorar la realidad. Dicen que lo último que se pierde es la esperanza, porque si uno ya ha perdido esta confianza del corazón, entonces no puede entregarse al cambio, se da por vencido, se declara muerto en vida. Por eso esta virtud es tan importante. Te libera del desaliento, te mantiene interiormente vivo y en camino.

Un ateo también puede vivir alguna forma de esperanza. Por ejemplo, si está convencido de que el bien y la verdad a la larga siempre triunfan.

VMF