Soledad habitada

Si sabemos dar amor sincero y generoso, siempre habrá alguien cerca para darnos una mano y no nos sentiremos abandonados.

Es cierto que los seres humanos muchas veces fallan. Pero no les pidamos perfección, porque  no son Dios.

Ellos son pobres y débiles criaturas. Su amor es imperfecto y frágil, pero eso no significa que sea falso o que no exista. Siempre habrá alguien que nos auxiliará si se lo pedimos, porque la comunidad cristiana también es como una madre.

Por eso, hay que descubrir que el miedo a la soledad es tonto. Es cierto que nos quedaremos solos si elegimos el resentimiento y el egoísmo.  También nos quedaremos solos si estamos eligiendo quién debe acompañarnos y quién no, o si sólo aceptamos personas bellas, agradables, perfectas.

Pero si nuestro corazón es libre y abierto, no hay por qué temer a la soledad. La amistad del Señor no nos faltará y su presencia de amor es más real que las paredes, que los árboles y que nuestro propio cuerpo. Él está y siempre habrá algún ser humano que sea instrumento de su amor, que nos brinde una ayuda y un momento de compañía.

Pero es bueno pedirle al Señor que sane nuestro temor a la soledad y que abra nuestros ojos para reconocer su presencia preciosa y constante.

VMF