La aceptación de la sombra

Un sano sentimiento del propio valor no consistirá necesariamente  en que uno actúe con sentimientos de seguridad. Lo decisivo es que uno diga un sí de aceptación a sí mismo.

Solo tiene realmente un sentimiento del propio valor aquel que es capaz de reconciliarse con sus propias debilidades y lados de sombra. Aquel que es capaz de confesar ante otros sus propias faltas. Aquel que está a favor de sí mismo, cuando otros lo censuran, ése tiene realmente un buen sentimiento del propio valor. Es capaz de aceptarse a sí mismo tal como es, incluso en sus aspectos menos agradables.

El sentimiento del propio valor lleva también consigo la reconciliación con la historia de la propia vida. No tiene ningún sentido andar revolviendo constantemente en nuestro pasado, para encontrar en él las razones de nuestra falta de confianza en nosotros mismos. Todos tendrán que hacerse cargo alguna vez de su propia vida. La persona tendrá que aceptar el pasado como el material al que ella está dispuesta a darle forma. Con una madera se puede tallar una hermosa figura; con una piedra se puede esculpir una admirable estatua, y con arcilla se pueden crear formas maravillosas.

Nuestro pasado es el material que tenemos a nuestra disposición. Con nuestro pasado, sea de madera, de piedra o de arcilla, podremos plasmar una hermosa figura. Debemos reconciliarnos con la historia de nuestra vida. Entonces esa historia podrá llegar a ser valiosa para nosotros. Es increíble como, en más de una ocasión, las personas que han podido reconciliarse con sus historias, no sólo han podido sacar provecho para sus propias vidas sino también para muchas otras personas.

El hacerme cargo de mi vida me abrirá los ojos para ver las posibilidades que tengo entre mis manos de ser quien realmente soy desde lo más profundo de mí. Pero, para ello, he de mirarme con realismo, despedirme de ideales demasiado altos con los que quizás me identifico. No se trata de llegar a ser perfecto sino integrado, de ser una sola cosa consigo mismo, incluso con todas los  opuestos que hay en mí.