Viaje interior

«Ningún hombre se perderá irremediablemente si frecuenta su conciencia y viaja por su territorio interior. Dentro de nosotros hay un reducto en el que podemos sentirnos seguros: una ermita, un escondite en el que podemos cobijarnos, porque ha sido preparado para ese fin. Cuanto más se entra ahí , más se descubre lo espacioso que es y lo bien equipado que está. Ahí, en verdad, no falta de nada. Es un sitio en el que muy bien, se puede morar.

Al principio, por su oscuridad, para guiarse por ese refugio se precisa una linterna; pero luego nuestros ojos se van acostumbrando a las tinieblas y, al cabo, ni siquiera se comprende cómo, para estar ahí, pudimos necesitar un día de la luz artificial. ¡Está todo tan claro! ¡Todo resulta tan luminoso!…

Esa casa tan grande y hermosa es lo que somos.

La meditación fortalece la necesaria desconfianza en el mundo externo y la imprescindible confianza en nuestro verdadero mundo, que solemos desconocer.

.. Habitamos en otro país, poco frecuentado, y atravesamos los campos de batalla sin ser heridos. Salimos de esos campo de batalla acribillados, pero vivos : caminando y sonriendo porque ni hemos sucumbido y nos hemos demostrado nuestra eternidad. Meditamos para ser más fuertes que la muerte.

En ese espacio puedes perderte sin angustia. Das un paso y estás lejos, mil y sigues cerca. Es el jardín del estupor y la maravilla».

Pablo D’Ors

BIOGRAFÍA DEL SILENCIO