La simplicidad voluntaria

«El consumismo ha dejado de ser tan sólo un modo de vivir para ir configurándose ya como un modo de ser de un gran número de personas.

Nuestra sociedad nos está reduciendo a una inmensa estantería, a un impresionante escaparate de necesidades publicitariamente creadas y ávidas de ser satisfechas.

La sociedad de consumo está consumiendo y reduciendo a cenizas la luminosidad más bella de todo ser humano; está haciendo que no vivamos la vida en densidad y profundidad sino en el gesto banal y superficial del mero consumir. Mas este consumir no es tanto un aprovechar como un despilfarrar.

El consumismo nos hace poseer las cosas para terminar finalmente siendo «poseídos» por ellas. El consumismo es, por tanto, la expresión enmascarada de una relación «diabólica» con las cosas.

La vacuna, el antídoto más eficaz frente a esta epidemia es la simplicidad voluntaria. Ella nos vincula y nos relaciona con las cosas asegurando un uso razonable, respetuoso y digno de ellas.

Vivir desde esta simplicidad voluntaria no tiene nada que ver con una vida sombría y apesadumbrada. Vivir con sencillez no es ningún castigo ni tormento sino más bien la posibilidad de ir dando forma y contenido a una vida plenamente humanizadora.

La simplicidad es ese arquitecto que permite que el edificio de nuestra existencia cotidiana tenga unas proporciones justas, equilibradas y armónicas en el pensar, en el sentir, en el hacer y en el tener.

La simplicidad voluntaria no desprecia nada sino que todo lo pone al servicio de la promoción y realización personal y comunitaria; no nos previene de ninguna cosa sino de nuestra actitud ante todas las cosas y del uso que hacemos de ellas. 

Desde esta actitud de sencillez en el vivir nuestras manos siempre rebosarán con muy poco y nuestra aparente «escasez» no será manifestación de carencia o vacío sino de plenitud».

José Maria Toro

LA VIDA MAESTRA