El paralítico en imágenes bíblicas

Seguimos con las imágenes de un deficiente sentimiento del propio valor.

 Jesús cura a un paralítico a quien cuatro hombres habían descolgado directamente hasta los pies de sus a través de un boquete abierto en el techo de la casa (Mc 2,1-12). Jesús se da cuenta de que la parálisis no sólo es externa, sino que está determinada por una actitud interior. El paralítico debe cambiar primero su actitud interior, antes de poder ponerse en pie físicamente. Las personas que padecen de deficiente sentimiento del propio valor, se sienten a menudo paralizadas, bloqueadas en presencia de determinadas personas. No se atreven a expresar su propia opinión. Atribuyen a algunas personas tanto poder, que en presencia de ellas se sienten llenas de inhibiciones. El paralítico no está consigo mismo. Mira constantemente a los demás para ver cómo piensan, qué impresión les causa.

Un fenómeno frecuente en las personas que no tienen confianza en sí mismas es que piensen que los demás las están observando constantemente; que los demás murmuran de ella. Quien no está dentro de sí mismo, lo refiere todo a sí mismo. Lo experimenté yo mismo. Pensaba que los demás se quedaban mirándome fijamente. No estaba conmigo mismo. Hasta que, por fin, me dije a mí mismo: «Si los demás me observan, ¡ése es su problema! ¡Yo soy como soy!» Eso me fue ayudando poco a poco a hacerme más independiente de los demás.

Jesús cura al paralítico, mandándole sencillamente: «¡Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa!» (Me 2,11). Con este mandato, impide al paralítico que se ponga a cavilar acerca de sí mismo; que comience a pensar si será verdad que ahora puede caminar normalmente y mantenerse sobre sus piernas. Todas esas cavilaciones no le dejan levantarse.

Por medio de la confrontación, Jesús quita al enfermo sus ilusiones engañosas. No le deja escapatoria y el enfermo tiene que hacer frente a su propia verdad. Ya no puede inventarse pretextos. Ahora no le queda más remedio que ponerse en pie. Tiene que coger la camilla, como señal de la enfermedad que ha padecido, y ponerse a caminar llevándola bajo el brazo. A todos nos gustaría deshacernos de nuestras inhibiciones e inseguridades. Pero sólo nos levantamos, cuando estamos seguros de que los demás no observan ya nuestras debilidades e inhibiciones. Ahora bien, Jesús nos pide que aceptemos nuestras inhibiciones, que las llevemos -como quien dice- bajo el brazo, que las tomemos a risa, en vez de dejar que ellas nos paralicen. La camilla que llevamos bajo el brazo nos recuerda a nosotros y recuerda a los demás que seguimos estando inseguros y teniendo inhibiciones. Pero no dejamos que todo eso nos ate a una camilla. Nos levantamos y nos ponemos en marcha llevando nuestra camilla bajo el brazo, sin dejar que ésta determine nuestra vida.

Anselm Grün –Cómo estar en armonía consigo mismo-