El que hace comparaciones

Seguimos con las imágenes de un deficiente sentimiento del propio valor

En el capítulo quinto del Evangelio de Juan, el enfermo piensa que la causa de su enfermedad es que siempre llega tarde. Los demás son más  rápidos y se le adelantan. Tienen a alguien que les introduzca en el estanque, en cuanto el agua comienza a bullir. El hacer comparaciones es a menudo expresión de la falta de sentimiento del propio valor. El que se compara constantemente con otros, no sabe sentirse a sí mismo, sentir su propio valor, sentir lo que es su vida. Se define únicamente a sí mismo comparándose con otros. Y resulta que él siempre sale malparado. Siempre habrá personas que serán más rápidas que yo, más inteligentes que yo, más populares que yo. Mientras me estoy comparando con otros, no estoy conmigo mismo. No me siento a mí mismo.

A una mujer le gusta asistir a la reunión de un círculo de mujeres. Pero a menudo se siente incómoda en tales reuniones. Se compara con las demás. Las otras han estudiado el tema del día; ella no. Las otras saben hablar mejor que ella. ¿Qué pensarán las demás de lo mal que ella se explica? Se rompe la cabeza cavilando por qué las otras lo hacen todo mejor, por qué a ella le sale todo tan mal. Jesús cura al enfermo que hace comparaciones, no dejándole cavilar. Primero Jesús le mira y con eso le levanta el ánimo. Jesús conoce el estado en que aquel hombre se encuentra, y le pregunta: «¿Quieres curarte?» (Jn 5,6). Confronta a aquel hombre consigo mismo, con la propia voluntad. En vez de andar comparándose con los demás, lo que aquel hombre tiene que hacer es preguntarse a sí mismo qué es lo que quiere con su vida. Jesús le quita al comparador todas sus evasivas. No es importante lo que otros hagan y digan, las cualidades que tengan, si son mejores o más rápidos. Lo único que importa es lo que yo hago con mi vida, si yo asumo la responsabilidad de mí mismo. Como el enfermo, con sus comparaciones, quiere eludir la pregunta de Jesús, éste le ordena algo parecido a lo que vimos en la historia anterior: «¡Levántate, coge tu camilla y vete!» (Jn 5,8). ¡Tú puedes levantarte, tú puedes andar! ¡Déjate de hacer comparaciones! ¡Basta ya de lamentarte! ¡Basta ya de llorar! ¡Levántate! ¡Ponte de pie! Ya puedes caminar. Todo está bien.

Anselm Grün –Cómo vivir en armonía consigo mismo-