Preso sin Nombre, Celda sin Número, Alumnos sin Clase*

Como si fuera el Capítulo I del libro del periodista Jacobo Timerman, “Preso sin Nombre, Celda sin Número” , nuestros Chicos, me refiero a los de las Escuelas Secundarias, se encuentran de alguna forma sometidos a las vicisitudes del encierro.

Ellos quieren, necesitan, saberse libres, necesitan explorar el mundo, su pequeño mundo, con amigos y compañeros, en esas primeras travesías que los llevan a la vida adulta.

Sus clases por Zoom no los colman; no pueden codear a su compañero de banco porque se durmió,

ni compartir esas pocas galletitas que les rapiñaron a otro descuidado; ni pueden ver si su compañera o compañero por el cual tiene especial afecto intercambia miradas con él o ella.

Para que sacarse el piyama ¿?, todos nos conocemos las caras, y hasta los piyamas por haber compartido largas noches de juegos y videos.

Como presenciar esas clase, en donde la marrana Internet se corta psicodélicamente porque son muchos en casa que usamos esta conexión.

Su universo se restringe a su casa; ya no se puede jugar ese picado luego de la clase de Educación Física, ni juntarse con el otro para hacer la tarea. Ni abrazar…, ni siquiera pasar la mano por encima del hombro, de su par que no está pasando por un buen momento.

Esas clase del Zoom, el juego compartido por la red, son insuficientes; ver cada uno desde su casa un partido de Boca, River y poder cargar al otro por el resultado alcanzando, no tiene el mismo sabor por Whatsapp.

Quieren salir y desafiar, naturalmente, lo que cada día tiene para ellos.

Esas pequeñas cosas, complementan la función central de las Escuelas, que tiene un rol formativo en la sociedad; prepara a los adultos del mañana, transmitiéndoles conocimientos, hábitos y valores para que sean miembros útiles, eficientes y felices. Es la escuela, luego de la familia, el lugar más importante de socialización del individuo.

Por eso, quizás, por eso, cuando salen a la calle para alguna de las actividades permitidas, entre las que no se cuentan las Escuelas, se olvidan de los protocolos y de las recomendaciones, parecen decir ¡¡al fin libres!!. Los adultos podrían pensar que mis consideraciones son excesivas, que no se puede comparar el sufrimiento de quien estuvo detenido por la última dictadura en un sitio no identificado, con lo que ahora sufren los adolescentes (¿y por qué no los chicos de primaria?). Sin embargo el sentirse encerrado no es solamente un problema físico, es profundamente también un problema psicológico.

Aleksandr Solzhenitsyn, escritor e historiador ruso condenado al destierro en Siberia, por el régimen comunista de la ex Unión Soviética, decía a sus carceleros en el tren que los llevaba a las tierras congeladas, que eran ellos los que estaban encerrados en los límites de la estructura  donde se desenvolvían,  mientras él tenía la libertad de pensar y de moverse en su mente adonde quisiera ir.

Mientras tanto…, nuestra Ministra de Educación, la Sra. Directora General de Cultura y Educación Prof. Agustina Vila, sostuvo que “De momento la situación no lo permite volver a las clases presenciales en la provincia«.

Es totalmente entendible, su decisión se debe centrar, supongo, en la preservación de la Salud de Jóvenes y Niños.

Sin embargo, la amplitud de nuestra provincia provee una infinidad de realidades atendibles y entendibles. Cuesta mucho hacerles ver a los altos funcionarios de la Educación, que el interior profundo de la Provincia dista de ser parecido al Ámbito del Área Metropolitana -AMBA, sobre el cual habitualmente se toman las medidas para toda la Provincia.

Escuelas Rurales con 4 o 5 chicos en sus aulas del último año de primaria, o escuelas secundarias con menos de 15 alumnos en su 6º año, difieren de las Escuelas a las que deben llegarse, por ejemplo, en transporte público como ómnibus o trenes.

Quienes hemos podido continuar formándonos en Tecnologías para la Educación, sabemos de soluciones creadas, no específicamente para estos de momentos de pandemia, pero que claramente podría aplicarse en este contexto.

El modelo de Flipped Classrom, o de Aula Invertida, o el modelo Blended , o de Aprendizaje Combinado, han sido implementado con éxito en varias partes del mundo.

Con pocas diferencias, se centran en que parte del aprendizaje se realiza en la Escuela y parte se realiza en los hogares. No desechan, de ninguna manera, el contacto con el docente; aunque sí redefinen su rol.

Anecdóticamente, los docentes, están trabajando más desde sus hogares que las horas de trabajo en una Escuela, y sin embargo parece que los gremios que los representan no tienen la misma mirada, porqué han considerado innecesarias apurar las paritarias, que en otros años han parado parte del país. Solo ahora, en los últimos días, y seguramente por presiones inevitables se han acordado de los gastos que tuvieron que afrontar los maestros, profesores y preceptores para adecuarse a las clases y controles de asistencia, en la nueva modalidad a través de la Web.

Sugiero, que sería un buen momento para instrumentar cualquiera de los 2 modelos, u otros, que permitan dividir las secciones en caso que sean muy amplias, pero que permitan el retorno a las aulas; aunque sea de los potenciales egresados.

Incluyendo los alumnos de las Escuelas Técnicas. Si en los Gimnasios habilitados con protocolos,  cada usuario de un instrumento lo limpia luego de su uso, ¿ cómo no vamos poder higienizar un torno, un osciloscopio, un microscopio, una computadora o las herramientas que se utilizan para producir alimentos en una Escuela Agraria?.

Hasta permitiría trabajar para una mejor concientización de los cuidados a tener para los próximos meses, hasta la aparición de soluciones médicas.

Nadie mejor que los Supervisores Regionales y Distritales para definir lo que puede hacerse; tienen la capacidad y la autoridad para definir lo mejor para cada comunidad.

Sería bueno darles libertad a nuestros chicos para que puedan volver a la Escuela.

*Luis Darío Nagore