Estoy aprendiendo a ser simplemente «Yo», y es maravilloso

Desde que tengo memoria siempre hice lo posible por complacer a otros. Si se trataba de sentimientos ajenos, siempre los anteponía a los míos, aunque para eso tuviera que sacrificar mis propias exigencias.

Siempre me preocupó excesivamente lo que otros pensaran de mí. Trataba de hacerme amiga de todos. Mi función era complacer, hacer, decir y ser lo que todos, cualquiera, quisiera de mí. Perdí de vista lo que en verdad era. Llegué a un punto en el que ni siquiera sabía que deseaba de la vida. Era incapaz de tomar las decisiones más sencillas porque, en cierto sentido, había perdido mi verdadera identidad.

Aún soy una persona dependiente, pero ahora estoy en recuperación. Reconozco mis debilidades y, ya que ahora puedo ponerme por delante de todos los demás, puedo al fin ser yo misma.

Sherée Heller