Dos amores equivocados

Esta es una invitación a reflexionar sobre uno de los temas más convocantes de la vida humana: el amor. Con una meta: aprender a amar (y a ser amados) dejando de lado el sufrimiento.

Posiblemente, la mayor parte de los males de muchos de nosotros, se vayan resolviendo a medida que nos damos cuenta de algo: con quiénes estamos ejerciendo un amor equivocado.

El amor equivocado tiene distintas versiones, diferentes modos de constituirse, de ejercerse… Imposible sería abarcar sus múltiples facetas en esto que hoy comparto. En próximas columnas me aventuraré a otras modalidades del amor equivocado. Pero van aquí estos dos:

Hoy: – EL SEUDO «AMOR INCONDICIONAL”:

La cultura de la autoayuda ha ido esparciendo en los últimos años la idea del “amor incondicional” como si fuera una verdad santa. Y lo cierto es que esa noción ha fortalecido, a mi criterio, la negación en aquellas personas que están ejerciendo un amor que carece de reciprocidad.

La reciprocidad es una condición indispensable para que un vínculo de afecto sea sano. Sólo no puede ejercer reciprocidad con natural justicia una persona con un severo trastorno mental, o un bebé, o quizás una persona sumida en una situación de catástrofe… Pero en la mayoría de los casos, la reciprocidad necesita ser una variable tenida en cuenta (pues hasta un niño, un animalito, o la persona más desvalida puede ser recíproca con un gesto de ternura, de reconocimiento empático y sencillo).

“Dar sin mirar a quién”, “Amar hasta que duela”, son frases muy bonitas, pero a la hora de encarnarlas en la realidad sostienen vínculos disfuncionales, y validan desde el error actitudes que nos hacen reafirmar relaciones desbalanceadas, negando el dolor que esto produce. O sea: ¡si amar duele, es posible que se esté ejerciendo un amor equivocado! Y que “poner límites” sea una materia que nos estemos llevando a marzo.

Mañana veremos otro AMOR EQUIVOCADO, el  AMOR UNILATERAL

(Virginia Gawel)

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