Hacerse feliz a sí mismo

Nos educan para considerar que algo, alguien “nos hará felices” (sobre todo la pareja, los hijos, tener tal o cual cosa…). Sin embargo, lo que nos hace felices NO ESTÁ AFUERA, aunque afuera esté. Uno puede estar en el lugar más bello, con una persona fantástica, o cualquier otra circunstancia, y sin embargo tener una actitud de disconformidad, de que “no es suficiente”, de frustración, de indiferencia…

La persona que trasciende esos laberintos del Ego encuentra la posibilidad de HACERSE FELIZ A SÍ MISMA. Eso, lejos de ser una disposición egoísta, implica APROPIARSE LIBREMENTE DE LA PROPIA RADIANCIA, y de la responsabilidad de lo que uno hace ante lo que la vida le presenta. Quien llega a esa comprensión, generalmente sostiene una actitud agradecida, valorativa, sorprendida, gozosa. Generalmente NECESITA MUY POCO: vive desde una SENCILLEZ VOLUTARIA, y, aun sin darse cuenta, ha renunciado a lo que el Sistema le ha indicado como meta a “la felicidad”.

Hacerse feliz a sí mismo es, de hecho, una condición necesaria para tejer vínculos felices con los demás. En cambio, para quien carga con la expectativa de “hacer feliz” a quien fuera, recibe un peso que oprime toda felicidad posible, propia o ajena. 

Hacerse feliz, por otro lado, no requiere que el entorno esté “perfecto”: siempre habrá dolores, despedidas, impedimentos… Pero quien se ha autoeducado en ejercer esa actitud, no declina a esa felicidad, pues esa felicidad nace desde el Sí Mismo, desde la propia Esencia, que no pertenece a este mundo, sino que lo atraviesa, viviendo la experiencia humana. 

Eugenia Tonski, -mi mamá- ha tenido una vida tan difícil… y sin embargo, a sus 89 allí anda: haciéndose feliz como si tal cosa… Aprendemos de ella todos los días. 

Virginia Gawel*

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