El que tiene fe en sí mismo

Dijo Virginia Woolf: «Los ojos de los demás son nuestras cárceles, sus pensamientos nuestras jaulas.» Y es así… hasta que decidimos que deje de serlo. Porque el problema no son los ojos de los demás, sino el precio que le ponemos a su mirada, sobrevaluándola. Nadie va a venir a salvarnos de la autolimitación que parece imponernos la mirada de los demás: esperar que el miedo a ser «mal mirados» se disipe haciéndole sostener a todos bajo juramento que jamás van a criticarnos, juzgarnos o pensar mal de nosotros… suena bastante absurdo, ¿verdad? Sin embargo, a veces es eso lo que esperamos.

Somos nosotros mismos quienes necesitamos ejercer la fortaleza de ser quienes somos, más allá de la aprobación o desaprobación de los demás. Eso requiere de una valentía profunda: sólo nosotros podemos salvarnos a nosotros mismos de la limitación autoimpuesta para no recibir el juicio ajeno. Y cuando logramos esa fortaleza, la vida se vuelve algo amplio y bello. Se vuelve lo que ES: UN EXPERIMENTO. Y nosotros, el audaz experimentador.

«El que tiene fe en sí mismo no necesita que los demás crean en él», expresó  Miguel de Unamuno. Y no se trata de arrogancia: puede implicar la misma inocencia de un pájaro que no duda de sus alas.

UNA PARTE nuestra lo necesita, sí. Y es hermoso que los que amamos crean en nosotros. Pero igual de hermoso o más es cuando alguien, por no negociar lo innegociable (porque que implicaría traición a su propia Esencia) sigue la ruta que le traza lo de Adentro aunque los demás la desestimen o la reprueben: una vocación, un emprendimiento, una elección vital…

Dejar de intentar lo que amamos porque «no tenemos suficiente apoyo» es un argumento sólido, veraz, sustentable… ¡pero hasta los 4 años de edad! A los cinco, empieza a caducar. Sostenerlo cuando somos adultos significa algo concreto: comenzar a ser padre y madre de sí mismo, para darnos el apoyo que hubiéramos esperado de los demás.

Es como andar en bicicleta cuando somos niños: ¡bendito quien tuvo alguien que le sostuviera hasta soltarlo y recién uno advertir que estaba andando solo! Pero si no se lo tuvo, si no se lo tiene hoy, la mejor manera es ésta: no esperar tenerlo, MIRAR SIEMPRE ADELANTE, Y NO PARAR DE PEDALEAR.

Virginia Gawel*

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