Desdramatizar

Muchos de nosotros nos hemos criado con la imagen de que la gente “elevada”, sabia, destacada, heroica, tenía el ceño fruncido y un aire extremadamente serio. Basta con mirar cuadros y estatuas que representan a estas figuras, y en su enorme mayoría hay algo que no encontraremos jamás: risa o sonrisa. Sin embargo, la Psicología que investiga a quienes llegan a evolucionar, a autorrealizarse desde lo profundo, a tener buenos vínculos, a dejar una huella transformadora en la sociedad, señala que la sabiduría viene acompañada de una cualidad que, además, vale la pena cultivar: el sentido del humor.

Esto mismo se observa en las relaciones que funcionan saludablemente, en las cuales sus integrantes realizan alianzas de evolución (ayudándose mutuamente a hacerse la vida más llevadera, o, mejor aún, a despertar, a desplegarse…). Parejas, familias, amigos, equipos de trabajo, cuentan con un ingrediente valiosísimo cuando el sentido del humor es parte de la comunicación cotidiana. Y ese sentido del humor tiene el sello de que la risa no rebaja a ninguna persona, sino que está impregnada de una inteligente inocencia: no es a costa del dolor de nadie.

Curiosamente, para algunos aprender a reír es, por diversas razones, un verdadero ejercicio del espíritu: a veces por dolores que marcaron el ánimo, otras debido a cierto temperamento melancólico que oficia de base, pero en la mayoría de los casos la causa tiene que ver con vivir de manera equivocada, por haber exiliado a la alegría. Cualquiera sea la razón, recuperar la capacidad de mirar la vida con un humor afectuoso es parte del equipaje que necesitaremos para transitar la vida. Y el secreto será el tener la capacidad de reírse desde el desapego, practicando la capacidad de desdramatizar.

La desdramatización es un gran antídoto contra la autovictimización, la queja estéril, la visión selectiva de lo que es menos grato… Las personas autorrealizantes cultivan una actitud que les permite no sólo ejercer un humor rápido, liviano, a veces sencillo y tierno… sino también aplicarlo al modo en que se ven a sí mismas. 

Reírse de sí, sin cinismo, sin autorrebajarse, hace que el camino interno se vuelva más luminoso, y que, así como amamos a esos seres queridos con los que aflojamos el ánimo riendo por cosas simples, podamos amar con gracia a nuestra identidad completa. Esa gracia, ese humor, es un condimento indispensable para el Camino… nos vuelve más modestos… y mejores amigos de nosotros mismos

Virginia Gawel*

www.centrotranspersonal.com.ar