El mayor logro de tu vida: la ataraxia

Hay logros que se miden desde afuera, y serán valorables según su protagonista los viva como tales: sueños cumplidos con mucho esfuerzo, o por golpes de suerte. Y vale. Pero a mí no me interesan tanto, no…

Ya compré lo que el mundo ofertaba (y además no compré); también me fui, regalé, renuncié, me bajé, emprendí una elegida retirada aunque pareciera un fracaso. “Fracasar” tiene una hermosa etimología: deriva del latín frangere = “romper, estrellarse”. O sea, hacerse pedazos. Y luego… ¿qué? Como Osiris en el mito, recoger nuestros propios pedazos… y hacer con ellos un bellísimo mosaico, más bello de lo que era todo eso antes de fracasáramos.

Del fracaso y del logro aprendemos (si aprendemos) una sabia cosa: que son dos grandes impostores. Ni el fracaso lleva a una vida desgraciada, ni el logro a una vida apetecible.

Entonces, ¿cuáles son los verdaderos logros de nuestro pasaje por la vida? No está nada mal el de desarrollar habilidad para ser felices. Pues eso no viene, necesariamente, con uno: acaece de a poco, gracias a un tenaz entrenamiento cotidiano. Trabajo sobre sí, ético, autocontemplativo, transformador de nuestra identidad pero sin esperar logros. Pues la expectativa de lo que creemos que va a ser impide ver lo que verdaderamente ya es. 

Lo que buscamos ya es, está aquí, no en el futuro, no en el pasado. Por eso no hay logros hacia dónde ir. Y eso, que es la más simple, la más clara expresión que sintetiza siglos de sabiduría, hasta que comprendemos qué significa, puede parecer abstracto. Pero si alguna vez viviste el contacto pleno con tu Esencia, estoy segura de que sabrás de qué estoy hablando.

En algún sentido, entonces, el efecto de ese contacto con tu Sí Mismo (al decir de Jung), es el de proveernos de una felicidad que no depende de nada externo. No depende de aquello con lo que se la confunde: que algo o alguien nos dé placer. No. Simplemente, es en nosotros. 

* Virginia Gawel

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