Querer tener razón

«Quizá yo esté equivocado y tú en lo cierto; quizá con un esfuerzo hacia la verdad nos acerquemos.» Karl Popper

Acercarse a la verdad de a dos, ceder puntos de vista rígidos, no sobre adaptarse a la «verdad» del otro, es un trabajo vincular profundo ni querer “colonizarlo” con nuestras propias ideas, es un acto heroico de comunicación. «Querer tener razón» (que viene de «demostrar que uno no está loco, no ha perdido la razón) con frecuencia nos vuelve más ignorantes: el ego habrá «triunfado» si logramos CON-VENCER al otro (que, al no tener razón, pasaría a ser el loco en esa comunicación fallida!). Pero… ¿en qué punto de la verdad nos encontraremos? A veces, más cerca. ¡Pero muchas otras veces, satisfechamente nadando en la ignorancia! Y, casi con seguridad, dejando al otro HUMILLADO en vez de ESCUCHADO. 

Es tan importante ESCUCHAR al otro, aunque no coincidamos. Y, en todo caso, poder decir, SIN DESCALIFICAR, que uno piensa de otra manera, y tomar el espacio para explicarla. En lo personal, aprendí a decir “PERO NO HACE FALTA QUE PENSEMOS DE LA MISMA MANERA”. Cuando descarto la mirada del otro, el otro no puede sentir otra cosa como que me pongo por encima y lo rebajo EN SU IDENTIDAD, no solo en su pensamiento. Y yo siento lo mismo si es a la inversa. ¿Para ganancia de quién? Con frecuencia, para pérdida de ambos (¡y, a veces, para ganancia superlativa de los fabricantes de grietas!)

Recuerdo que tomando un curso sobre comunicación anoté una frase cuyo autor ni Google conoce, pero que procuro que sea mi guía. Quizás les sirva en estos tiempos de emociones inflamadas, de grietas que se manifiestan en tantos temas, en todo el mundo. Dice: “Si yo te doy una moneda y tú me das una moneda, cada uno se irá con una moneda. Pero si yo te doy una idea y tú me das una idea, cada uno se irá con dos ideas” (¡yo agregaría “o quizás con tres!). 

Aprecio un programa de TV de clima muy respetuoso, cuyo título me parece genial: “¿Qué piensan los que no piensan como yo?”. Se tratan temas polémicos de un modo sobrio, con consigna de mutua escucha. Y me parece un gran ejercicio para mí (que soy bastante pacífica) OBSERVAR MIS EMOCIONES ANTE LO QUE NO CONCUERDO, aunque sea a través de un debate como ése: son primitivas, toscas… peligrosas si, en un diálogo, las dejara salir así como así! Las observo, y procuro abrir mi mente a esos pensamientos divergentes de los míos. ASÍ, SIEMPRE ME QUEDO CON VARIAS MONEDAS. 

Me gustaría aprender todos de todos sobre este tema: ¿cómo se posiciona cada uno de ustedes cuando los puntos de vista son desencontrados? ¿Qué actitud despliegan para no quedar invalidando la «razón» del otro, y tampoco subyugar la propia para «no tener conflicto»? 

Virginia Gawel*

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