Cinco recursos para conservar tu eje

– Crear en algún rincón de nuestra casa un espacio de silencio en el cual todo habitante de ese lugar pueda ingresar a aquietarse, a parar el vértigo, a estar eximido, inclusive, de interactuar con los demás. Un lugar respetado por todos, que puede ser un simple almohadón, donde, quien lo ocupe, genere el hábito lúcido de encontrarse con ese silencio.

– Disponerse a practicar, en cualquier momento del día, un “STOP!” interno que INSTALE UNA TREGUA en nuestros automatismos: emociones, pensamientos, tensiones corporales, actitudes… en ese instante pueden ser advertidos. Allí, percatarse de todo lo que está sucediendo en nuestro interior: allí nada se mueve, nada gira, hay una quietud única. Habitar ese espacio es habitarse a sí mismo. Y cuando luego uno vuelve al trajín del día, ya nada es igual: LA ATENCIÓN ESTÁ CON NOSOTROS, DÁNDOLE OTRO SIGNIFICADO A CADA INSTANTE.

– ABRIR LOS SENTIDOS. Sí: el cerebro se bloquea ante los múltiples estímulos que le llegan, y hay un momento en el que ya no percibimos. Advertirlo nos permite por un instante prestar atención a lo que llega a los oídos, y escucharlo de verdad. Y luego podemos pasar al tacto: sentir la ropa sobre el cuerpo, la presión en los puntos en los que éste se encuentra apoyado, la temperatura del ambiente… Percibir con plena lucidez es habitar el presente.

– Metafóricamente INSTALAR UNA CÁMARA FOTOGRÁFICA DEBAJO DE LOS PÁRPADOS. Mirar intentando ver. Tomar fotos con los ojos a los detalles de Belleza que se asoman por doquier … Un colgante de vidrio azul que me mira desde la ventana, cobrando vida al dejarse atravesar por la luz… Los zapatos que están junto a mi cama, ambos como si tuvieran vida propia, carácter, identidad, mostrando distintos matices de color que requerirían de la paleta de Van Gogh para ser fiel a lo que mis ojos registran. Cuando intentamos ver, la memoria se corre y deja abiertas “las puertas de la percepción”. De pronto, lo cotidiano se vuelve asombroso; y a-sombrarse es salir de la sombra, aunque sea por un momento.

– CREAR ESPACIO PARA LA EXTRAÑEZA. Son raras tus manos, en este instante allí, donde están apoyadas, con su piel tan distinta en la palma que en el dorso, y sus uñas en la punta de cada dedo así, creciendo persistentemente sin que el dedo se estire con ellas… Son milagrosos los huesos de tu cuerpo que te mantienen erguido… Son sorprendentes tus pulmones que respiran lo que los árboles te han regalado para este día… y al exhalar, tu aire los nutre a ellos, en perfecta reciprocidad.

Cuando ampliamos la conciencia y no damos por sentado lo que nos rodea, recobramos la oportunidad del instante. Nos convertimos en colegas de la Vida, siendo Vida viva, allí en donde estemos. ” Si lo vivimos una vez, esa comprensión nacida del silencio facilita futuras comprensiones.

Todo comienza con un “STOP!”. Detenerse. Observarse. Observar. Y luego seguir… PERO YA NO IGUAL. 

La vida nos requiere sobrios y serenos, más que nunca.

Virginia Gawel *