LA CALLE DE LOS MURALES


Un nuevo mural se suma a la calle Echeverría a metros de Av. Pereyra, dando lugar al inicio de una galería artística al aire libre. Una vez más el artista plástico Juan Pablo Ojeda inaugura una nueva obra de arte público y nos habla de ella.

¿De qué tratan las obras?

Bueno, principalmente son obras de carácter contemporáneo, tiene que ver con discursos actuales que están más allá del entendimiento de lo representativo aunque a veces hagan uso de ese lenguaje. Creo que lo simbólico como recurso no solo apunta a la imagen figurada sino también a la propia imagen de cada quien y a las múltiples proyecciones que le destinamos y que quizás se hacen imposibles contener al ver una obra de arte. Habló de todo lo que nos surge cuando estamos ante una producción artística.

Hablando de eso ¿Cómo lo recibió la gente?

He recibido elogios muy motivadores, y lo digo con absoluta humildad, he sentido esos deseos como fuertes cometas hacia lo nuevo y desde ese lugar creo, es donde se escribe el porvenir. También hay críticas de un tinte muy peyorativo, el arte existe para presentar algo. Nombra algo en voz alta y lo entrega para que otros se animen, no para representar el mundo. Y creo que ese es un umbral, una zona riesgosa donde caer en el sentido común puede ser una opción, resultando una exploración vacía e infundada que solo se basa en querer la aceptación de un otro marginado al que se teme perder pero que nos juzga. Quien asume el compromiso de sentir y abordar su propia sensibilidad es capaz de interpretar sin asesinar.
No sé, no quisiera ir tan lejos con la cuestión creo que el blanco y el negro son dos tonalidades aparentemente opuestas pero que unidas forman muchas variantes. Yo pretendo viajar hacia un futuro construido con lo mejor de cada uno y cada una y no hacía el autocompadecimiento, ni la ponzoña.

¿Vas a volver a pintar en la ciudad?

Pasó mucho tiempo desde la última vez que viví acá, y es probable que en esta estadía surjan nuevas posibilidades creativas, a mi me interesa crear y acercar cosas referidas al arte que he aprendido en otros lugares y espacios. Cuando uno sale de su ombligo enseguida divisa que a menos de 50 km hay otras poblaciones, y a otros 20 otra, y así hasta que llega a las ciudades, y si tiene el privilegio puede conocer otros países… entonces, algo de lo que decía antes, aprender que la verdad es un aspecto construido de varias experiencias, que el sabelotodo en realidad es un muerto vivo que se supone completo. Cuando uno hace arte se asume con todas sus fallas y en su incompletud, aunque necesite creer ciegamente en lo que está haciendo… Yo creo que el intento merece llegar a un punto de entendimiento con los demás, sería como permitirse un sueño compartido, tal vez efímero, aunque también se puede hacer arte prescindiendo de los espectadores. Si me preguntan diré que sí, me gustaría pintar nuevamente, porque hay un lenguaje al que no se accede sino se crea y me parece un aporte crucial para las nuevas generaciones venideras y para nuestra sociedad en su totalidad.

¿Por qué el arte como herramienta?

Es probable que a veces se deslinde la práctica artística, sobre todo si no tenemos el entrenamiento de este modo de habitar el mundo, y no me refiero solo a planos idealizados, sino al potencial agente de transformación que puede conllevar la intervención artística. Quien cruza una experiencia que interpela sus sentidos difícilmente vuelve a ser el mismo. La cultura es un conjunto de herramientas, valores y prácticas mediante las cuales se fortalece la educación, y es preciso que en esta ciudad haya prácticas de esta índole como ocurre en las grandes aglomeraciones.
Casualmente estos murales están situados en la calle Echeverría, de lo cual me anoticio, que el nombre de esta calle etimológicamente resulta un importe de la cultura vasca viniendo al entendimiento de “la casa nueva” y eso creo es lo que origina el arte, inaugura un punto nuevo.
En este sentido creo como necesidad que no solo la tradición deba ser el discurso imperante, porque los cambios son acompañados por las vanguardias, por las nuevas ideas, y estas son en relación al contexto que las circunscribe. Mientras tanto, el tiempo hace su camino continuo, es decir no se detiene, y en ese transcurrir permanente, mantenerse en un estado dinámico es la llave para las nuevas generaciones, para un futuro en que hacernos los unos a los otros sea mucho más que destruirnos.