Un viajecito a la India

La India es el segundo país con mayor cantidad de habitantes del planeta; China tiene 1.433
millones de habitantes y la India 1.366 millones. Lejos, le sigue Estados Unidos con 329
millones. Los dos primeros países están ubicados Asia, mientras EE.UU. es el que tiene mayor
cantidad de habitantes en América.
En los primeros años de los ’70 dos jóvenes saladillenses realizaron un viaje por esos lares.
Abrumados por la cantidad de personas que circulaban por Nueva Delhi, con cierta inquietud
por conocer la sociedad de ese país, decidieron seguir por horas a un habitante tratando de
dilucidar adónde iba tan apurado. Agotados, de seguirlos durante 4 o 5 horas, concluyeron “que
no iban a ningún lado”; solo existían, sin presente y sin futuro.
Otro día en la casa de él cónsul, presenciaron un acalorada discusión entre la mujer que barría
el patio de la casa y quien barría el interior de ella. La Mujer que barría el interior había osado
barrer un pedazo del patio.
Manusmriti, considerado el libro más importante y autorizado sobre la ley hindú y que se
remonta a al menos 1.000 años antes del nacimiento de Cristo, «reconoce y justifica el sistema
de castas como la base del orden y la confianza de la sociedad»; esta denominación, “casta”,
tiene la función de dividir las tareas en la India. Así, quien barre el patio, no puede barrer el
interior. Si son médicos, no pueden cambiar una lámpara de su consultorio, para eso está la
casta de Técnicos. La mujeres de la casa, con o sin ninguna profesión, en particular, no puede
darse el gusto de limpiar su casa, para eso habrá una casta que se encarga de este menester.
Existen unas 3.000 castas y 25.000 subcastas, cada una en función de la ocupación específica.
Sería bueno que los antropólogos seguidores de Marx, que critican al capitalismo y su división
del trabajo en la generación de la Plusvalía, expliquen cómo se las arreglan con una situación
de este tipo.
El término de “casta” en Argentina, se utiliza peyorativamente para hablar de la dirigencia
política que tiene continuidad en distintos cargos públicos desde hace muchos años, sin
importar en algunos casos lo que sucede con la gente que los votó.
Esta palabra, que seguro duele a quienes ejercen la política en forma responsable, no tiene
una contraparte, una palabra que defina el obrar correcto; tampoco se observa que quienes no
se consideran casta, hagan lo necesario para exponer a quienes los dejan mal parados.
Como sostiene el Periodista L. Román, “como si todos fueran iguales a la diputada que juró y se
tomó un avión a Disney, al que se besuqueaba con su novia semidesnuda en plena sesión por
Zoom, o al que dejó a Santa Fe sin presupuesto por hacerse una escapada romántica a las
exóticas islas Maldivas”. Sostiene en otro párrafo “Todos están afiliados al PL, “el partido de la
Legislatura”, donde oficialistas y opositores parecen compartir códigos comunes y se mimetizan
unos con otros”.
Quienes vivimos en el interior, a veces no nos damos cuenta en que se escurren los impuesto
provinciales como el inmobiliario, automotores, o ingresos brutos.
Dice Román “Hay legisladores que prácticamente no van a La Plata (legislatura Bonaerense) y
que pasan años sin presentar un proyecto. Esta realidad contrasta con un “dato duro”: los
bonaerenses son los legisladores mejor pagos del país. Lo ocultan (y es probable que lo
nieguen), pero cobran, entre dieta y “gastos reservados”, unos 800.000 pesos por mes: casi
tres veces lo que cobra un diputado nacional”.
A lo cual debe sumarse las partidas que disponen para subsidios, que en definitiva es una
forma de mantener el clientelismo político.
¿Porque deben entregar subsidios de distintos tipos los Sr. Legisladores? cuando existe el
Ministerio de Desarrollo Social que debiera encargarse de todas las necesidades comunitarias,
desde un club deportivo hasta una Cooperadora Escolar. El funcionamiento de la legislatura
muestra claramente lo que sostiene este periodista, “no es cuestión de perder poder”, por eso
reelijamos nuevamente a intendentes. La mayoría de acuerdo, oficialismo y oposición.
En 2021 cada uno de ellos “le costó” al Estado provincial $128 millones de pesos en promedio.
En fin, todavía no leí ningún proyecto para disminuir el costo de la necesaria e inobjetable
democracia.
Solo habría que preguntarse, si al igual que la dirigencia política considerada casta, quienes
trabajamos en distintas profesiones, o los jubilados, o los docentes, ¿también perteneceremos
a este tipo de clasificación y aún no nos dimos cuenta?
Con la consiguiente pregunta, acorde a lo que vieron estos dos visitantes en la India que referí
más arriba, ¿Sabemos para adónde vamos?, o ¿solo tendremos este presente y ningún futuro?

Luis Darío Nagore