Desmonumentar a Roca (Por Marcelo Valko)

Vecinos de Saladillo me hicieron llegar una nota escrita por otro vecino, el Sr. Carlos Quiroga donde se opone al cambio de nombre de Julio Roca. Sin dudas el movimiento social iniciado por Osvaldo Bayer que pugna en todo el país para Desmonumentar a Roca, tiene numerosos detractores que se resisten a tal idea. Por ello me interesan comentarios como el del Sr. Quiroga que lo llevan adelante en la certeza de defender a quien considera un prócer de nuestra querida Patria.

En principio, en la veintena de renglones a los que le agrega la imagen del general que realizó el rally patagónico en 42 días dirigido al Concejo Deliberante de Saladillo, el Sr. Quiroga señala “su poca lectura” y ciertamente los concejales lo han de notar. En principio para 1879 la gente de Calfulcurá no libró batalla alguna. El centenario cacique falleció finalizando el otoño, el 4 de junio de 1873, en su campamento de las Salinas. Por otra parte, si para “refrescar la memoria” uno recurre a los trillados textos producidos por el sector ideológico que se benefició con la apropiación de 42.000.000 de hectáreas que Roca repartió alegremente entre sus sostenes como por ejemplo Martínez de Hoz, quien recibe nada menos que 2.500.000 de hectáreas, es lógico que tales textos ensalcen al general magnificando el potencial bélico del enemigo, y por ello mencionen que los indios andaban armados de remington. Si leyeran publicaciones de la época, por ejemplo de Estanislao Zeballos quien fue el publicita de la Campaña al Desierto, vería con sorpresa, supongo, como la elite dirigencial de aquel momento mencionaba que los indios en 1879 no representaban peligro alguno: “no son siquiera 20.000, totalizando indios de lanza y chusma”. Simplemente cito apenas un comentario de la prensa de aquel momento cuando faltaba poco para iniciar la Campaña:

“En esta circunstancia el Sr. Ministro de la Guerra se dispone a partir al frente de un formidable Ejército. Si hubiese enemigos a quien combatir comprenderíamos la expedición con un gran Ejército. Pero desde que no han quedado quienes resistan a 200 hombres bien armados ¿qué objeto hay en espedicionar con 6.000 veteranos? Los que crean que al opinar así lo hacemos por oposición al engrandecimiento del General Roca, no se fijan en que la tal expedición ninguna gloria puede llevar al Ministro de la Guerra, desde que la que había la conquistaron los gefes que vencieron a las tribus, desde que el pensamiento data desde la Conquista y desde que el Dr. Alsina cabe la del audaz político que allanó las dificultades y venció los más rudos inconvenientes del plan definitivo (…) Qué gloria podría reclamar el General Roca, por el hecho de ir a pasear a un campo conquistado. (La Libertad 05/03/1879).”

Por otra parte, una vez iniciada la pomposa Campaña en la columna del general Roca, la mejor armada y más numerosa, los indios brillan por su ausencia como lo prueban en principio el mismo plan del general que se propuso llegar al río Negro el 25 de mayo de 1879, arribando a destino el día previsto. Eso quiere decir que los “tantísimos indios armados de remington” ni siquiera fueron capaces de retrasar siquiera algunas horas el plan de operaciones previsto. Los indios escapaban de esa verdadera cacería de patos. La marcha fue un fiasco para los corresponsales de guerra que acompañan al general como cualquiera puede leer en los Diarios de Viaje, por ejemplo el de Remigio Lupo, corresponsal del diario La Pampa:

“8 de mayo: Le aseguro a Ud. que es para desesperar a un corresponsal, la carencia absoluta de novedades dignas de especial mención, porque la columna expedicionaria marcha sin encontrar a su paso el menor tropiezo.

10 de mayo: Mi situación de corresponsal es, sin embargo, penosa. Hemos marchado unas tras otras muchas leguas pero sin ver nada y sin que nada ocurra digno de ser mencionado. (Lupo 1938: 77, 84)”

Otro tema que deberíamos tener en cuenta es la época en la que el estratégico general decide invadir la Patagonia, un territorio helado y ventoso. Hasta el menos versado en tácticas militares optaría por la primavera-verano, en lugar del gélido otoño invierno elegido por Roca. Un testigo privilegiado como el francés Alfred Ébélot constructor de la Zanja de Alsina y que luego fue invitado por su amigo Roca a la campaña, es muy claro al señalar los verdaderos motivos que le impidieron a Roca esperar la llegada de la primavera de 1879 para realizar la invasión. Alfred Ébélot explica que el general sometió “al soldado argentino a una inclemencia invernal innecesaria”. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo de la premura? El ingeniero francés que marcha con la expedición del general, expone las causas con total claridad: “verosímilmente, en la prisa había un poco de fiebre electoral. Sólo faltaba un año para la elección de un nuevo presidente de la República y el general Roca, decidido a presentarse como candidato, quería resolver antes la cuestión indígena” (Ébélot 1880: 217). Al general, igual que a otros generales de Malvinas, no le importó la suerte de sus tropas.

“El frío era intenso, y fue idea feliz de algunos oficiales del Estado Mayor, la de hacer una gran fogata; hasta el General echó en ella un trozo de leña (…) De noche caen abundantísimas heladas y los caballos se pasman quedando en la inacción. Además por la misma razón de las heladas los pastos no pueden ser comidos. (Lupo 1938: 76, 84).”

En mi caso en particular, esta es una reflexión que no busca convencer a los convencidos, ni mucho menos convencer en pocas carillas a quienes opinan diferente, sí expresa con claridad mi opinión con apoyatura de datos históricos contundentes. Si quienes se oponen leyeran la Historia de las crueldades argentinas de Osvaldo Bayer, o lo escuchara en sus conferencias, y si ojera mis últimos textos Los indios invisibles del Malón de la Paz o Pedagogía de la Desmemoria, (ojo, de ningún modo es una propaganda) advertiría que la idea no es retornar a Atahualpa o Calfulcurá, ni sentirse indio o participar de una falsa espiritualidad shámanica, o expulsar a Occidente. Mi apellido eslovaco, pone en evidencia que soy nieto de europeos, ya que ciertamente estamos en un continente donde lo más común es precisamente lo diverso, lo que da en llamarse diversidad. Pese a ese origen europeo del que de ningún modo reniego, me siento profundamente americano, y eso me acerca tanto a nuestros pueblos originarios al igual que Castelli que celebró en 1811, el 1er aniversario del 25 de mayo, en las ruinas de Tiahuanaco; Mariano Moreno cuyo título de tesis en Chuquisaca fue Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios en general y sobre el particular de Yanaconas y Mitarios. O San Martín que en su famosa Orden General expresó que combatiremos en bolas como nuestros paisanos los indios, seamos libres, lo demás no importa, o Belgrano como cuando en Tucumán en 1816 propone la monarquía incaica atemperada como forma de gobierno.

Supongo que los concejales de Saladillo, no se dejaran llevar por la veintena de renglones del Sr. Quiroga ni tampoco por esta nota, obviamente, y se tomarán el necesario y lógico trabajo a la altura de la misión que tienen para con los vecinos a efectos de avalar sus decisiones con la documentación probatoria existente hoy en día sobre la innecesaria crueldad que en aquel momento aplicó nuestro país. Todo lo que sucedió iba a suceder de todas maneras, pero pudo haber acontecido de otro modo. Nuestro territorio siempre fue inmenso y había espacio para todos. Pero se escogió la táctica del arrinconamiento progresivo y la constante violación de pactos. De haber actuado de otro modo, esa inmensa tragedia que sufrieron también las poblaciones blancas de la frontera que menciona con justeza el Sr. Quiroga, no hubiesen tenido lugar. Las pruebas de los campos de concentración existen, Zeballos mismo los denominaba “Deposito de Indios”; las pruebas de contaminación con viruela por parte del cirujano jefe de la Guarnición Militar Martín García existen; las pruebas irrefutables de los centenares de cautivas blancas que fueron arrojadas a morir a Martín García existen; los diarios que publicaban la entrega de niños indígenas que “como perritos” nos aguardan en las hemerotecas.

Espero que Saladillo se sume a lo que esta sucediendo en tantos sitios del país, y deje de naturalizar el racismo mediante una serie de nombres malsanos que lo único que hacen es acostumbrarnos a la impunidad del poder y de los poderoso y mantener esa terrible dialéctica de amos y esclavos. Supongo que los concejales tendrán en sus bancas y a la mano la Constitución Nacional que señala claramente que los pueblos originarios “son pre-existentes”, eso quiere decir que no eran indios chilenos, estaban antes de Chile y Argentina, por eso la Carta Magna habla de preexistencia. (Y aunque parezca mentira, existen manuales escolares chilenos que hablan de “indios argentinos”). Es hora de dejar atrás la desmemoria y lanzarnos a construir un país enserio que parta de una historia fidedigna y no acomodaticia a los intereses de clase. Argentina tiene héroes que merecen los más altos pedestales, desde los granaderos de San Martín a los soldados de Malvinas, y otros que merecen prontuarios como los Mitre, Roca o Videla. No olvidemos que Roca no sólo tuvo en mira la tierra de los indios que repartió entre sus amigos, sino también hizo foco en los obreros que solicitaban algo tan “alocado” como una jornada laboral de 8 horas, para ello promulgó la Ley 4.144, ley de residencia, que expulsaba del país a esta gente “de ideas disolventes que atentaban contra el Ser Nacional”.

Pese a las diferencias con la visión del Sr. Quiroga, probablemente estamos navegando en el mismo barco en pos de una Patria más justa y fraterna, solo es cuestión de “refrescar la memoria” no en enciclopedias españolas como Salvat que han hecho apología de la Conquista de América o en manuales Kapeluz, o las nefastas Billiken y Anteojito, o autores como García Hamilton o Félix Luna funcionales a la Dictadura de 1976 a la que ni siquiera le importó la suerte de sus soldados en Malvinas. Es hora de animarse a leer las voluminosas pruebas del horror que se encuentran en los archivos públicos y privados. Son pruebas, con nro. de folio, con nro. de página, con nombres y apellido. Sólo lamento carecer de tiempo para abundar en forma más extensa, pero desde ya estoy dispuesto a concurrir a ese Concejo con la documentación que acabo de mencionar. Cordialmente.

Marcelo Valko

Profesor titular cátedra Imaginario Étnico, UPMPM

Asesor Histórico de la Comedia de la Prov. de Bs. As. en el ciclo Teatro e Historia, hacia el Bicentenario. Autor de 28 textos publicados en el país y el exterior.