Experimentar a Dios

Lo que he visto con toda claridad es que los miedos y las tribulaciones se vuelven tanto más pequeñas cuanto más seguro está uno con Dios.

 

Mientras las esperanzas y la confianza se pongan en los hombres y en las cosas materiales, que tan fácilmente se quiebran y tan rápido se desvanecen, lo único que hacemos es alimentar miedos y tribulaciones.

 

Sólo hizo falta que me decidiera por «Dios sólo» para que perdieran su importancia todas las cosas que pasan por ser tan necesarias.

 

Se revalorizaron los valores.  Todo se volvió del revés, hasta que todo estuvo en su sitio.

 

Comencé a desprenderme de los valores aparentes.  Desprendiéndome de todo fue como empezar de nuevo.  Y cuanto más me desprendía de las cosas, tanto más libre me sentía, y tanto más capaz era de disfrutar de todo.

 

«Yo he experimentado a Dios en mi vida».

 

Eso de experimentar a Dios no es que le anden a uno pellizcando el brazo.

 

Es una sensación mucho más profunda, es un sentimiento tan singular que no se puede describir.

 

Es encontrarse con un ser al que no se ve, pero cuya presencia se nota, hasta casi poderla agarrar en la honda paz y en la alegría indecible que a veces le inunda a uno.

 

Phil Bosmans