Hoy he visto tu rostro

Hoy he visto tu rostro, Señor, en el cartonero, que revuelve la basura buscando algo de comer.

Hoy he visto tu rostro, Señor, en la viejecita, sentada en la puerta de una iglesia mendigando una limosna.

Hoy he visto tu rostro, Señor, en los chicos, drogándose en las plazas.

Hoy he visto tu rostro, Señor, en la prostituta, que espera abatida en su parada.

Hoy he visto tu rostro, Señor, en el ladrón, en el criminal, en el estafador.

Hoy he visto tu rostro, Señor, en el padre de familia desempleado, en el enfermo terminal y en su familia.

En el triste, en el desalentado, en los ancianos solos.

Hoy he visto tu rostro, Señor, en el soldado que marcha a la guerra, en su madre que lo despide, en el agonizante y en el que pide.

Pero también, Señor, he visto tu rostro en las madres que dan de mamar, en los niños que ríen y juegan, en los abuelos felices con sus nietos, en las familias armoniosas, en los amigos, en las parejas que se aman.

¡Cuántos rostros tienes, Señor!

Ojalá nunca olvide, padre amado que en todos mis hermanos está tu rostro y los ame a todos sin distinción de color, clase, credo ni religión.