Virtudes

Si repetimos muchas veces que vale más ser que tener, también hay que decir que vale más el ser que el hacer. Cuando una persona hace cosas valiosas porque ella misma es valiosa, y no simplemente por compromiso, por apariencia o por formalidad, significa que ha adquirido la virtud. Entonces ha alcanzado el desarrollo más pleno al que puede aspirar un ser humano.

Reconozcamos, como bien enseñaba Confucio, que la auténtica cortesía fluye de un corazón bueno. Si no existe ese corazón trasformado desde adentro por la bondad, entonces la cortesía será sólo diplomática o una formalidad interesada. ¿A quién le agrada ser tratado con cortesía si descubre que la otra persona sólo está fingiendo por conveniencia? En ese caso, hay acciones corteses, pero no está la virtud de la cortesía.

Las virtudes son capacidades interiores que podemos ir desarrollando poco a poco. Este desarrollo se logra a través de motivaciones, de intentos, de actos, hasta que esa forma de actuar se nos hace carne en el interior y en el comportamiento. Los actos virtuosos no son gestos aislados que hacemos a la fuerza. Son reacciones libres, que brotan espontáneamente cuando de verdad estamos transformados desde adentro.

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