Saberse amado para amar

 

Si has podido hacer la experiencia de ser amado por Dios, de saberte aceptado por él, de sentir que él te valora y te quiere más allá de tus debilidades, entonces podrás mirar a los demás de esa misma manera. Cuando reconoces de verdad el amor que el Señor te tiene, puedes aceptar a los otros, y puedes hacerles sentir que son importantes, que son valiosos, aun cuando tengan que crecer todavía un poco.

Quizás sientas que no puedes hacer cosas maravillosas, que no serás un héroe o un mártir, que no puedes resolver los problemas del mundo, pero hay algo que sí puedes hacer: que los demás se sientan apreciados, aceptados, valorados, amados.

Puedes renunciar a ser juez de los demás, a opinar sobre los defectos ajenos, a condenarlos. Puedes tomar la opción de ser un instrumento de la misericordia de Dios. Si lo haces, no todas tus relaciones humanas serán maravillosas, pero experimentarás momentos sublimes, de profunda compasión y harás que muchas personas se sientan liberadas de un gran peso.

Y recuerda algo que dijo Jesús: que la misma medida que apliques para los demás será la que Dios te aplique a ti  (cf. Lc 6,36-38)

VMF