Que rostro tengo Señor

 

Dicen que el rostro es el espejo del alma; en él, se manifiestan los distintos estados anímicos, las distintas disposiciones internas.

 

Si no quieres que tu rostro refleje la ira o el mal humor, no lo fomentes en tu interior; no ofrezcas a tus familiares, a tus dependientes, a quienes tratan contigo, o se mueven a tu alrededor, la triste escena de un rostro amargado, aplastado, repelente.

 

Ofrece más bien un aspecto alegre, optimista, emprendedor… la sonrisa es siempre más atractiva que el ceño adusto o el gesto amargado; y no sólo más atractiva, sino también más constructiva.

 

Serás más, conseguirás más, serás más útil, si en tu interior fomentas el orden, la tranquilidad y una serena paz. Serás más aceptado, porque en tu exterior, en tu rostro, aparecerá tu interior.