Filosofía ¿de cuarta?, por Cristina Sarubbi

Cuando alguien muere, lo buscamos en Facebook por si lo conocíamos; y si no lo conocíamos, empezamos a hacerlo a partir de ver su página: datos personales, fotos, amigos (comunes y no comunes), comentarios, publicaciones.

Si, en cambio, era alguien de nuestro entorno, buscamos acercarnos más a él por la simple culpa de no haberlo hecho mientras vivía. Y no queda todo aquí: hasta publicamos dirigiéndonos a esa persona que es ahora un cuerpo sepultado, una historia trunca que no asumimos como tal. Lo hacemos aferrándonos a la vida y sacándole la lengua a la muerte.

El espacio virtual, las redes sociales, nos acercan, nos relacionan más allá de los cuerpos (vitales o no).  Nuestra fe en la religión se ha trasuntado en la fe tecnológica. Y en este sentido la ciencia, que ha avanzado año tras año y que en el siglo XX se llevó muchos laureles, no ha podido superar ni al mito ni a la religión. Y menos a Internet.

El Facebook de los que ya no están, el Facebook de los muertos, ha reemplazado santuarios y cementerios. Creemos en el espacio virtual como si publicar en sus muros fuera garantía de que su espíritu, conciencia o como quiera llamarse, decodificará nuestras palabras. Nos esperanzamos en que algún día iniciaremos sesión y encontraremos un mensaje de respuesta, una solicitud de amistad, una notificación que nos confirme que en algún lado del espacio cibernético están; y hasta nos leen y pueden respondernos. ¡Son tan vívidas las fotos, tan espontáneas las publicaciones y los comentarios, que de ninguna manera aceptaremos que dejaron de existir (¿De veras dejaron de existir?).

En el año 2012 del calendario gregoriano, seguimos sin certezas y hartos de preguntas que dejamos pasar por el costado de cada uno de nuestros agitados días: “¿Quiénes somos?”, “¿por qué somos?”, “¿qué seremos después, si es que seremos?”, “¿para qué?”, “¿y qué sigue después?”. Mientras tanto, madrugamos, trabajamos, amamos a los nuestros, disfrutamos de la vida (o intentamos hacerlo), y publicamos en Facebook; aún cuando la ciencia nos haya defraudado. O tal vez por eso mismo.