Marchas y contramarchas

Tengo una hija de la edad de Agustina, pero no fui a la marcha solamente por mi hija. De no haberla tenido, habría ido igual. Tengo un ex alumno que es hermano de Agustina, pero no fui a la marcha  únicamente por él. De no haber sido Lucas alguna vez nuestro alumno, también habría ido a la marcha. Lo hice porque lo sentí como un deber y un derecho ciudadanos.

En casos como este, no me interesa apoyar o estar en contra de un partido político. Reclamar justicia junto a otros no es protestar contra nadie. Y si lo fuera, no me importaría porque la causa lo vale.

Hubiese querido que la plaza y las calles de Saladillo resultaran chicas para contener a la gente que, como yo, como los que estábamos allí, aplaudíamos, cantábamos el himno y repetíamos la palabra “justicia” para que alguien nos escuchara e hiciera algo. Por Agustina, por Marta, por Emiliano, por  Carolina, por el Chispa, por los que ahora seguramente olvido, y por las o los que vendrán.

¿Qué le pasa a cada saladillense que no va? ¿Piensa que no puede sucederle? ¿Supone que es una realidad ajena, que no le compete? ¿Imagina que se pierde el tiempo en una marcha popular? ¿Considera que nada va a modificarse con la presencia y la palabra? ¿Qué tiene que pasar para que se despierten? Éramos muchos, pero no los que yo esperaba. Y no puedo entender a los que no se suman a este reclamo.

Todos estamos involucrados en estas cuestiones: los padres, los hermanos, los amigos, las escuelas, la policía, el gobierno. Debemos cuidarnos unos a otros. Celulares, comunicación, acompañamiento, vigilancia policial, tecnología, control. ¿Cómo es posible que se haya atado, violado y golpeado brutalmente a una menor de 14 años a cuatro cuadras de la plaza? (¡Y ahora recuerdo que lo de Carolina fue apenas a media cuadra!).

¿Qué vamos a hacer como ciudadanos frente a esto? ¿Pensaremos como victimarios a las víctimas, para así dormir tranquilos? ¿Culparemos a la policía o al municipio? ¿Cuándo vamos a entender que en este baile estamos todos involucrados?

Y mientras haya tantos que elijan el bajo perfil, que no participen, que pasen por el costado mirando de reojo,  sin entender a los que caminamos por la calle, juntos, conmocionados, preocupados y ocupados; mientras haya tantos indiferentes, repito, la realidad no va a cambiar.

Esperamos que se descubra y se castigue a los culpables. De no ser así, el viernes a las 20 volveremos, pacífica e insistentemente, a reclamar justicia. Ojalá no tengamos que volver, pero ojalá que, de tener que hacerlo, esta vez seamos más. Muchos más. Por el bien de todos lo digo.

Cristina Sarubbi