Reducción del impacto ambiental en la agricultura

La tecnología ha permitido aumentar considerablemente la producción reduciendo a su vez sus efectos negativos sobre el medio ambiente.

Por muchos años, el laboreo o roturación de los suelos había sido considerado un modo eficaz de controlar las malezas y preparar el suelo para la siembra de los cultivos, generando condiciones para un trabajo adecuado de las sembradoras mecánicas, el tránsito de maquinaria y el crecimiento de los cultivos. Este modelo agrícola produjo, en grandes áreas, erosión y degradación de los suelos.

A fines de los ochenta, un nuevo paradigma, sembrar las tierras sin roturarlas, irrumpe en la actividad contribuyendo a reducir los efectos negativos asociados al modelo anterior. La siembra directa en poco tiempo muestra su contribución al reducir efectivamente la pérdida de suelo por erosión (tanto eólica como hídrica) y a mejorar la eficiencia del uso del agua, el principal factor limitante en nuestros sistemas de producción sin riego.

Es reconocido que la adopción de la siembra directa, cultivos transgénicos, herbicidas y fertilizantes como procesos tecnológicos fueron realizados en estos últimos años a ritmos sorprendentemente altos.

Los aspectos clave del modelo productivo agrícola dominante, se caracterizan hoy por:

1. La fuerte expansión del cultivo de soja.

2. El uso de fertilizantes, que aumentó significativamente.

3. El uso de la biotecnología, para el control de malezas y manejo de plagas.

4. La productividad, que creció de manera exponencial.

5. La incorporación de tecnologías de organización y conocimiento en la conformación de un empresariado agropecuario, entre otros.

La producción agrícola potencia la instalación de la industria relacionada y esto da vida a pequeñas y medianas ciudades del interior, fabricas de maquinaria agrícola, aceiteras, etc. Hoy en día aproximadamente 5 millones de personas trabajan en el campo argentino y en sus actividades relacionadas. En 1996, aparece la soja RR (transgénica, resistente a glifosato); este adelanto tecnológico permitió reducir el uso de herbicidas simplificando el control de malezas, multiplicando la producción y las exportaciones argentinas. La biotecnología, posibilitó entonces la expansión de la siembra directa.

Como toda tecnología, aún la que pueda parecer más inocua tanto dentro como fuera del sector agropecuario, su uso irresponsable o inadecuado podría producir efectos indeseados sobre el medio ambiente y, eventualmente, la salud de animales y el hombre.

En Argentina, una evaluación del riesgo toxicológico vinculado a los cambios en los sistemas de producción desde el año 1985 refiere que:

1. El riesgo toxicológico total real de cada hectárea productiva es marcadamente inferior en la actualidad.

Los niveles actuales son 75 veces menores que los utilizados hace 20 años, por unidad de superficie.

2. La carga toxicológica asociada a la producción de granos es actualmente mucho menor que la que se tenía en la década de los ochenta, lo que implicaría alimentos más amigables con el ambiente y sanos en la actualidad. La caída del impacto por unidad producida ha sido de 128 veces en losúltimos 20 años.

Conclusiones:

 

I. En los últimos años, el cultivo de soja ha sido motor de importantes transformaciones.

II. Los efectos positivos de las tecnologías se recogen con su uso adecuado y responsable. El mal uso o el uso irresponsable no inhabilita dicha tecnología.

III. Hoy la agricultura avanza hacia la definición de buenas prácticas, que minimizan los riesgos al ambiente y la población, y contribuyen a mejorar la calidad de los alimentos y la capacidad productiva del agro.

IV. Las tecnologías actuales aparecen, en sentido amplio, como mejores que las que las precedieron; tendencia que debería continuar en el futuro.

V. En síntesis la tecnología ha permitido aumentar considerablemente la producción reduciendo también su impacto ambiental.

 

Fuente:

• I+D Aacrea (2009).La agricultura argentina en marcha: Sus cambios e impactos, con atención al uso de herbicidas. Negri, R., Feiguin, F., Campos, M., Walter, M., F. Ferreira y E. Satorre.

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